Por Carolina Lamatta
8 febrero, 2018

¿Se suponía que tenía que sentir algo?

“50 sombras liberadas”, la tercera parte de la franquicia sexual más popular de la década, prometía ser el clímax de una trilogía que ha generado una fiel red de fanáticas, pero no lo logró. La cinta basada en los bestseller de E. L. James, es más bien una frustrante decepción.


Universal Pictures

¿Cómo puede ser una decepción la tercera película de una franquicia que ha ido de mal en peor desde su estreno? Pues fácil, tiene que ser una de las películas más malas jamás hechas con tanto presupuesto, fanáticos y expectativa detrás.

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Esta tercera entrega comienza con el anticipado matrimonio de Anastasia y Christian Grey, para continuar con una predecible luna de miel que se ve interrumpida por Jack Hyde, el ex jefe de Ana que luego de transformarse de un editor, se convirtió en un criminal profesional que lo único que quiere es destruir el mundo de la pareja.

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La película tiene dos líneas argumentales principales, la primera y la más esperada por los fanáticos, es la relación entre los dos protagonistas, que luego de haberse casado, no tienen mucho más que ofrecer. La segunda es una dudosa historia sobre un jefe rencoroso que quiere destruir a la pareja por un motivo poco claro.

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Empecemos por la primera y seamos sinceros, no es lo mismo ver como una mujer y un hombre se conocen y coquetean hasta engatusarse el uno al otro, que ver a una pareja de casados. Ok, son recién casados pero son casados igual. Y la historia de esto dos en esta tercera parte se limita a definir quién cocina, si Ana puede mantener su nombre de nacimiento en el trabajo y si Christian coquetea o no con otras.

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Todos los temas de relaciones de pareja común y corriente están en esta película, y aunque esto provee un material con el cual es mucho más fácil sentirse identificado que con un millonario de gustos extravagantes y una boba insegura que babea cada vez que lo ve, no se logra, porque lo hace de una manera mucho menos profunda que cualquier otro drama romántico. Desde el principio esta cinta no buscó hacernos sentir emociones, y si lo buscó, realmente no se notó. Lo que buscaba era excitarnos (creo), pero tampoco pudo con esta tarea.

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El sexo, que es lo más importante en esta trilogía, dado que no tiene absolutamente nada más que ofrecer, es aburrido. No te provoca. No me provocó ni una cosquillita, ni un poquito de emoción, ni ganas de nada. Hay una escena en la cual Christian venda a su sumisa, la amarra y la acaricia con una pluma. Esta, que podría haber sido aprovechada para hacernos ruborizar, se tiró a la basura porque duró menos de lo que dura Ana en excitarse con Grey. Deberían haber aprendido de la escena de Josh Hartnett con Shannyn Sossamon en “40 días y 40 noches”.

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Ese es el mismo problema que ocurre durante toda la película, no se da tiempo para nada. Es sólo una sucesión de acontecimientos, como calcados del libro, que no alcanzan a construirse de manera paulatina para hacernos sentir emoción.

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En cuanto a la segunda línea argumental, la historia sobre Jack Hyde, no es nada más que relleno. Como en esta tercera parte la relación entre Ana y Grey por si misma, no puede levantar una película completa, se le suma esta historia que ocurre velozmente sin alcanzar a desarrollar un arco argumental decente.

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Lo único satisfactorio de esta cinta es cómo Anastasia va tomando cada vez más poder, y pasa de convertirse en un conejo asustado a una mujer segura de si misma que sabe que necesita marcar su territorio.

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“50 sombras liberadas” es una película que sólo las fanáticas van a disfrutar, por el amor que le tienen al libro y a los personajes, y seguro será un éxito en la taquilla, pero no con la crítica, porque es una mala película. Un patchwork de momentos pegados con plasticina menos excitante que un pote de helado. Al lado de esta, la primera merece al menos un reconocimiento por haber tenido algo que contar.