Por Fernanda Vallejo
27 febrero, 2018

Yo pensaba que era una historia de amor, pero está lejos de serlo.

Paul Thomas Anderson es un cineasta al cual puedes identificar rápidamente. El protagonista hombre, dominador, egocéntrico que abusa de su poder parece ser su temática favorita, tal como vimos durante dos horas y 38 minutos en «There Will Be Blood» con el violento sociópata interpretado por Daniel Day-Lewis. Lo mismo sucede con Freddie en «The Master» y, ahora, nuevamente con Day-Lewis a cargo de entregar el mensaje, lo vemos en «El hilo fantasma». 

Universal Pictures

Reynolds Woodcock es un prestigioso modisto británico que viste a la realeza y la clase alta en la década de los 50. El hombre conoce a una mesera llamada Alma y la invita a quedarse en su hogar para transformarla en su musa y al mismo tiempo en su amante. 

El sello de Anderson se aprecia en la odiosa personalidad de Reynolds, que se presenta como un suave, tranquilo seductor que en realidad es un maniático que quiere controlar absolutamente todo, incluso, a su querida Alma. Para dejarlo claro, le molesta el ruido que ella hace cuando pone mantequilla a su pan en el desayuno.

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La interpretación de Day-Lewis es, como siempre, espléndida, y me atrevo a decir que merece el Óscar por ella. El actor maneja a la perfección este contradictorio carácter, amable y dulce y a la vez abusivo y controlador. En ningún momento flaquea, en ningún momento se equivoca, en ningún momento se sale del personaje. Es brillante.

La fotografía es bella, no tanto por el efecto que podrían tener los vestidos, las telas y los colores, sino por el constante tono apagado que demuestra el deprimente mensaje que la cinta intenta transmitir. Tanto el director como Day-Lewis quedaron sumidos en una depresión al filmar esta cinta y, precisamente, gracias a estas tonalidades, pudimos percibir lo que ellos sintieron. 

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El guión un poco flojo y la historia no muy bien construida, pero probablemente porque no es en eso en lo que este cineasta se enfoca, sino en el sentir del espectador. Lo molesto es que, lo que experimentamos es algo negativo, al tratarse de un hombre que, debido a sus enormes problemas psicológicos, se siente con el derecho de mandar a su mujer y a todos quienes lo rodean.

La duda que a mí me queda es por qué Paul Thomas Anderson insiste en explorar en este tipo de personajes, pues, hacia el final, pareciera ser que el filme lo redime de alguna manera. Si precisamente el excesivo machismo, la gente que abusa de su poder y los malos tratos son temáticas que están latentes en nuestra sociedad al día de hoy, ¿por qué esta cinta me da la impresión de que lo valida? 

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No cabe duda de que la interpretación de Day-Lewis y el objetivo del filme se lograron muy bien, pero la sensación que queda tras ver «El hilo fantasma» es un poco de culpa. Aburre por su lentitud, pero atrae por su elegancia y te haces adicto a un personaje realmente detestable. 

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