Por Ignacia Godoy
21 diciembre, 2017

Es el horror psicológico más atroz que he visto.

Yorgos Lanthimos ya tiene un nombre suficientemente extraño para llamar la atención de cualquiera, pero además, es uno de los directores más locos de la industria en este momento. Y cuando digo loco no me refiero a la locura de un Darren Aronofsky, sino que algo mucho más allá de los límites de lo posible.

Con “La Langosta” nos quedó claro que el trabajo de Lanthimos es increíblemente pertubador y que, de la mano de Collin Farrell, la cosa se pone aún mejor. Por eso es que “El asesinato de un ciervo sagrado” tenía que ser otra cinta desquiciada más para la colección y de seguro no se aleja de su objetivo.

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La primera vez que vi “Mother!” creí haber presenciado la película más extraña y brillante de mi vida, pero estaba completamente equivocada porque Lanthimos superó con creces el éxito de taquilla de Aronofsky. Aunque la suya nunca sea tan vista en salas de cine como “Mother!” (porque probablemente ni siquiera llegue a estar en cartelera en varios países), les digo que TIENEN que ver este filme.

La historia parte con un cardiólogo (Collin Farrel) llamado Steven que, de cierta forma, adoptó al hijo de uno de sus pacientes fallecidos, Martin. Su relación ya es lo suficientemente extraña, pero todo se pone aún peor cuando descubrimos que el papá de ese niño interpretado por Barry Keoghan (“Dunkerque”), murió por culpa de Steven.

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Es en ese momento cuando comienza la venganza, pero una realmente chiflada (si es que hay otro sinónimo más potente para decir loca). Los hijos de Steven serán los que sufrirán las consecuencias de su error y quedar inválidos solo será el comienzo de los sucesos más retorcidos que verás.

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De esta cinta es absolutamente necesario destacar la estética de Lanthimos. Que como hemos presenciado en sus otras producciones, es tan delicada y perfecta que pareciera que todo está en paz. Sin embargo, una vez que empieza la acción y el clímax, esos colores pasteles iluminados comienzan a oscurecerse para darle la entrada a la sangre, la maldad y al peor lado del ser humano.

Esto de la mano de excelentes actuaciones. En un principio son parecidas a las de un robot. Steven y su esposa Anna (Nicole Kidman), son tan bien portados y educados que todos sus diálogos son casi como la interpretación más mala que hayas visto en tu vida. Pero una vez que su familia empieza a sufrir, vemos sus verdaderas personalidades y entendemos por qué se comportaron así en un principio.

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Sin embargo, a la persona que hay que aplaudir en esta cinta es a Barry Keoghan. El actor que se pone en los zapatos de un hijo vengativo hace uno de sus mejores papeles. Te llega a dar un miedo enorme verlo, quieres que lo maten de una vez y realmente te da escalofríos verlo en pantalla. Su trabajo es brillante.

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Como dije antes, es una de las tramas más desquiciadas, psicóticas y retorcidas que he visto en mi vida. Y es eso lo que la hace una de las más interesantes de este 2017. Realmente vale la pena verla, de hecho hazlo ya. Me lo agradecerás.