Por Carolina Lamatta
15 febrero, 2018

7 millones de dólares por capítulo convertidos en desecho futurista.

Netflix la anticipó, liberó increíbles fotos y la promocionó como la serie “Blade Runner” del canal de streaming. Y yo, como amante que soy de la ciencia ficción, sobre todo del clásico de protagonizado por Harrison Ford, caí en la trampa. Porque era una sucia trampa. “Altered Carbon” no le llega ni a los talones a la cinta de Ridley Scott.

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Basada en la novela ciberpunk, “Carbon” de Richard K. Morgan, la serie está ambientada 500 años más adelante y prometía ser la mezcla perfecta entre “Blade Runner” y “Matrix”.

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La historia está ambientada en un futuro en el que la humanidad posee la tecnología que permite transferir la mente de un cuerpo a otro, consiguiendo de esta forma la inmortalidad. El detalle aquí, es que los únicos que pueden acceder a semejante tecnología son los que tienen el dinero para pagarlo. 

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La trama se desenvuelve cuando Takeshi Kovacs, un ex militar cuya conciencia fue almacenada por siglos, es despertado por el multimillonario Laurence Bancroft, quien ofrece perdonarle los crímenes cometidos en su cuerpo pasado, si es que puede resolver un asesinato.

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Aquí es cuando la cosa se empieza a complicar (y no paran nunca más de complicarse).

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Bancroft quiere averiguar quién lo mató, cuando estaba en su cuerpo anterior, y despertó a este personaje porque la policía calificó la muerte como un suicidio, algo con lo que el multimillonario no está de acuerdo. En este punto entra Kristin Ortega, la detective que se unirá a Takeshi (quien está en el cuerpo de Elias)  en su misión y que traerá sus propios problemas a la mesa. 

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Suena bastante confuso ¿o no? bueno, ese es el mayor problema de esta serie. El bombardeo de información que lanza desde el minuto uno hasta el minuto final. En lugar de ir respondiendo las interrogantes que plantea a lo largo de los 10 capítulos, sigue provocando preguntas nuevas, que sí, serán resueltas, pero en el final de la temporada.

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Y hay que decirlo para ese momento, por lo menos yo, ya estaba absolutamente colapsada de información y aburrida de tanta acción vacía (que no, no supera a “Matrix“).

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Lo que plantea la serie en sí, es interesante, una sociedad en la que sólo los millonarios pueden acceder a la vida eterna, lo que técnicamente significaría que son dioses.

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Y la discusión que genera el tema propuesto es más intrigante aún, pero lamentablemente la cantidad de estímulo que tira la serie durante toda la temporada no te da ni un segundo para ponerte a pensar, o si quiera para tratar de adivinar qué es lo que van a hacer los personajes. 

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La acción agotadoramente continua (realmente no para nunca), los efectos especiales en exceso, y la trama atiborrada de información, no permiten que profundicemos en los temas que toca la serie como la religión, el valor de la vida, qué significa ser un ser humano, qué une a las personas y las diferencias sociales. 

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Según rumores, la producción ha costado hasta 7 millones de dólares por episodio, y sí, se notan, la escenografía y los efectos especiales logran transportarte a un futuro lleno de humo, neón, pobreza, oscuridad y suciedad como el de “Blade Runner”, pero no basta con eso.

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Para una hacer una serie que enganche al público es necesario una buena trama con la que nos podamos identificar, personajes que nos hagan sentir empatía y  actuaciones que logren convencernos, pero en “Altered Carbon” nada de esto se logra. 

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La química entre Joel Kinnaman y Martha Higareda es más falsa que los clones que luchan desnudos a muerte. No hay forma de que sintamos empatía por ellos. Honestamente, lo que les pasa a estos personajes me importó una mierda hasta el capítulo 5. 

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Perdí 9 horas de mi vida (seguí viéndola para poder escribir esto), pero al menos algo aprendí. No todo lo que luce como “Blade Runner” y se hace llamar ciberpunk va a ser ciencia ficción de calidad. Es sólo marketing, en el cual espero nunca volver a caer tan bruscamente como en esta ocasión.