Por Carolina Lamatta
5 diciembre, 2017

Los viajes en el tiempo, las máquinas de tortura y las conspiraciones me dejaron pegada a la pantalla desde el minuto uno.

Las series de ciencia ficción están pegando y Netflix ya se dio cuenta. Tras el éxito de “The O.A.” y el fenómeno de “Stranger Things” , la cadena de streaming salió a buscar su próximo hit en el extranjero y lo encontró. Netflix volvió con una joya alemana que recuerda tanto a la serie de los hermanos Duffer como a “Twin Peaks”, pero que tiene su propio cuento. Uno mucho más adictivo y lúgubre que todo lo que hemos visto antes.

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“Dark”, del guionista Baran bo Odar y el director Jantje Friese, se sitúa en un tranquilo pueblo alemán donde nunca sucede “nada” y sigue la historia de sus habitantes, cuando comienzan a experimentar una serie de extraños acontecimientos.

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En el primer capítulo vemos a los chicos protagonistas y a sus padres en sus relaciones familiares, entre amigos y de pareja. A medida que se van presentando los personajes principales, la historia va abriendo diversas puertas que dirigen a misteriosas tramas, como la desaparición de Erik (Paul Radom), el extraño suicidio del papá de Jonas (Louis Hofman), la espeluznante cueva del bosque, los secretos de la planta nuclear colindante al pueblo,  la aparición del cuerpo sin vida de un chico que no es el desaparecido y la sensación de que todo está conectado. 

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La serie te atrapa desde el primer minuto. Su historia es tan intrigante que desde los títulos (tan retorcidos como la serie misma) , hasta el final, no despegas los ojos de la pantalla para saber qué demonios es lo que está sucediendo ahí. La trama es compleja, sobre todo porque su premisa se basa en los viajes en el tiempo. Para poder contar una historia que se mete con la temporalidad, es necesario que haya reglas claras y sobre todo que estas reglas se sigan de principio a fin, algo que no siempre se logra en la ficción, pero que “Dark” sí consigue con éxito, dejándonos una historia creíble en la cual zambullirnos. 

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Es cierto que “Dark” tiene detalles que la hacen parecerse a “Stranger Things”, ambas se sitúan en un pequeño pueblo, ambas colindan con una corporación misteriosa que huele a conspiración, en ambos escenarios suceden fenómenos paranormales, ambas tienen como protagonistas a un grupo de amigos y ambas hacen guiños a los 80s. Sí, tienen cosas en común, y ese fue quizás el gancho inicial, pero a los veinte minutos de serie se te olvida porque entras en un universo mucho más sombrío y perturbador, donde no hay momentos graciosos ni personajes que alivianen la vibra densa que causa una desaparición indescifrable.

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Una de las grandes virtudes de esta serie es su nivel emocional. A la intriga de la historia se le suma el drama que viven los habitantes del pueblo y que se siente en cada momento, dándole así profundidad a la serie. Sus personajes son complejos, ninguno es blanco y negro, lo que nos hace más fácil ponernos en el lugar de ellos, sufrir con ellos.  

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La falta de color en la pantalla, los tonos otoñales y grisáceos, y el tipo de luz de constante día nublado, ayudan a que percibamos toda la historia con un toque de angustia, porque además de una buena historia, “Dark” usa los recursos audiovisuales a la perfección para lo que quiere comunicar. La serie está visualmente bien lograda, con una fotografía impecable digna de postal. 

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“Dark” es una espeluznante serie que además de intrigarte pone sobre la mesa temas como la familia, el duelo, la culpa, el tiempo y la metafísica. A medida que avanza revela pequeños detalles y pistas que si lees bien puedes usar para descifrar lo que está sucediendo, te hace pensar, pero también te hace sentir en niveles que ni siquiera tenías considerados. No le encuentro otra explicación a mis pesadillas. 

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Si aún no la has visto, te la recomendamos.