Por Ignacia Godoy
2 agosto, 2017

Las miradas y frases de esos momentos, son una joya de Juego de Tronos. (ALERTA DE SPOILERS)

Para los fanáticos de “Juego de Tronos”, si hay un momento que esperábamos con ansias en esta nueva temporada tendría que ser los reencuentros entre los personajes principales. Teniendo en cuenta que no se veían juntos desde la primera entrega, esto era algo que nos podía dejar en shock.

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Y así pasó con el tercer episodio de la séptima, en el que Jon Snow fue a Dragonstone para pedirle a Daenerys Targeryen que le dejara minar su vidrio de dragón. Fuese cual fuese el propósito de la junta, nos puso los pelos de punta. Hasta que por fin llegó el momento.

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Todo lo que lo rodeó fue perfecto. Empecemos primero con la conversación entre Snow y Tyrion, haciendo referencia a su primer encuentro en la primera temporada en donde se llamaron bastardo y enano. Además de que Tyrion orinó el borde del Muro y claro, Jon no conocía nada de los Caminantes Blancos y era un joven feliz (pobre).

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Después vinieron los dragones, JUSTO cuando Tyrion le decía a Snow que los Stark no pertenecían al sur y él le dijo: YO NO SOY UN STARK!!! Claro que no lo es, pero eso nadie lo sabe, ni siquiera él mismo.

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Luego lo llevaron con Daenerys, y ella se presenta con una introducción de casi tres minutos mientras que Davos y Jon se miran y Davos dice: Él es Jon Snow, Rey en el Norte. Gran momento. Y Dany le dice que se incline, a lo que Jon se niega. ¡OH MY GOD! 

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Y como si fuera poco, Daenerys empieza a hablar sobre cómo le pertenece el Trono de Hierro por ser la última Targearyen y nosotros no podemos evitar pensar que ella está frente a su sobrino. 

Todo termina con Daenerys dandole permiso a Jon para minar el vidrio de dragón, y él diciéndole gracias. ¿Existe un momento más perfecto que este?

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¿Qué crees que sucederá con estos dos?