Por Lucas Rodríguez
19 julio, 2019

Toda la buena voluntad que «Chernobyl» le había conseguido a las producciones occidentales sobre Rusia, se desplomó gracias a esta descuidada serie documental.

Una de las cosas que más aplauden de la aparición de Netflix los fanáticos del cine, las series y el audiovisual en general, es que el canal de streaming decidiera comenzar a invertir en producciones originales. Con la mayoría de los estudios grandes preocupados solo de producir secuelas, reebots o películas de efectos especiales pensadas para generar miles de millones de dólares, Netflix tomó el rol que estas abandonaron como el financista de proyectos de mediano costo.

No estamos hablando del cine independiente arriesgado, sino que de las películas de autor que vemos cada vez menos. Cuando antes el nombre de un director prestigioso como Steven Spielberg era suficiente para llevar gente al cine, hoy eso ya no funciona como tal. Netflix ha tenido mucho éxito en esta área, dando luz verde a cada vez más proyectos originales. Pero como era de esperarse, no todos estos proyectos han sido éxitos absolutos. 

Netflix

El que parece que será uno de los pasos en falso más calamitosos de la cadena que nos dio grandes proyectos como «House of cards» y «Now they see us», es la recientemente estrenada serie-documental-histórica «Los últimos zares». Ya su aparición fue una extraña sorpresa, pero para quienes no fue tan graciosa fue para los medios del país cuya historia intenta retratar: Rusia. 

Lo que le importa a esta serie es contar la historia del último zar que tuvo ese país, Nicolás II. Este fue derrocado en la revolución rusa de 1917, donde también fue asesiando junto a toda su familia. Las extrañas circunstancias en las que vivió, incluyendo al misterioso médico brujo/charlatán sin igual, Rasputín, han convertido al último zar de Rusia en un personaje fascinante. 

Netflix

Innegablemente un tema interesante. El problema aparente es que la serie no se tomó el tiempo necesario para producir una obra que haga justicia a la historia.

Entre furiosos y resignados, los medios rusos se han dedicado a desmenuzar todos los errores que ha cometido la serie. Empezando por cosas obvias, como flagrantes inexactitudes históricas (una toma muestra la plaza roja de 1904, con el sepulcro de Lenin visible, monumento que no sería construido hasta un par de décadas después), los críticos también han señalado la apariencia de los zares: teniendo en cuenta que la familia real rusa eran famosos por gastadores y adictos al lujo, las vestimentas y apariencia de la serie dejan mucho que desear. 

Netflix

Donde los críticos no tuvieron ninguna piedad o sentido del humor, es en la decisión de que parte de la serie sea una dramatización actuada. Escenas completamente innecesarias de la pareja real en la cama, completadas con diálogos que los medios rusos describieron como dignos de una película porno, fueron catalogadas como una verdadera ofensa. No es que le guarden mucho cariño al zar (por algo llamar a alguien «zar» no es un elogio), pero esto ya les pareció un intento por humillar su historia. 

Netflix

La antecesora a «Los últimos zares», la serie sobre el desastre atómica «Chernobyl» fue aplaudida por los medios rusos. Dejando de lado que se mostraba a ratos la incompetencia del gobierno soviético, los rusos se rindieron ante la atención al detalle y la fidelidad de la serie a la realidad. La reconocieron como un producto hecho por personas que no buscaban mostrar a Rusia de una manera u otra, sino que contar una buena historia. 

HBO

Con todo lo que cuesta ganarse el favor de Rusia, no podemos permitirnos un error como este.