Por Ignacia Godoy
16 octubre, 2017

Es como “Mad Men” pero con sangre, la tienes que ver.

Para una fanática de las series de crímenes como soy yo, cualquier cosa que tenga como premisa un asesinato es digna de mis ojos. Me gusta la sangre, las muertes y conocer a los que cometieron el crimen en la ficción y en los documentales. Me llama la atención conocer las historias detrás de todo el embrollo y el misterio que se genera una vez que intentan resolver el crimen.

Por eso “Mindhunter”, la nueva serie de Netflix, me llamó la atención de inmediato. Dos detectives se unen para entender la mente de un nuevo tipo de criminales que comienzan a aparecer en los años 70. Matan sin razón alguna pero sus acciones son tan atroces como irracionales. 

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Holden Ford y Bill Tench, intentan entender cómo funciona el cerebro de estas personas, entrevistando a asesinos en serie encerrados en prisión y resolviendo crímenes con sus descubrimientos. Suena interesante ¿no? Bueno, agrégale que sucedió en la vida real y casi todos los asesinos que aparecen en el show, realmente cometieron todo lo que dicen.

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Esta serie producida por Netflix, nos va mostrando elegantemente cómo es que los criminales tras las rejas piensan y cometen tan terribles asesinatos. Es casi como si tuvieran una conversación de sobre mesa luego de tomar el té.

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“Los que cazamos personas por vocación, todo lo que queremos hacer es contar cómo lo hacemos”, “Así que tomé un martillo y la golpeé hasta la muerte, le corté la cabeza y la humillé”, esas son solo algunas de las impactantes frases que uno de los principales asesinos, Ed Kemper, comenta a los detectives.

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Junto con estas intrigantes escenas, las actuaciones de Jonathan Groff, Holt McCallany y Hannah Gross (el equipo detrás de los descubrimientos), son tan creíbles que cuando los asesinos confiesan sus pensamientos, se te ponen los pelos de punta.

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Además, el ambiente que se genera en el show es casi perfecto para generar intriga y miedo a la vez. La música, fotografía y luz son oscuras y tenebrosas, y nos dan la sensación de que en cualquier momento saldrá un monstruo a asustarnos o un cadáver a atormentarnos.

Y la guinda de la torta: es diferente. Sí, amamos las series de crímenes pero tenemos que admitir que hay cada vez más de ellas y están siendo cada vez peores en su calidad. Esta, sin embargo, es completamente distinta. Nos da una cuota justa de asesinatos y sangre sin ser grotesca o trillada. No recrean ningún asesinato y solo nos producen tensión con fotos terribles de los cuerpos o testimonios desgarradores.

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Esos 10 capítulos de casi una hora, se te hacen cortísimos y solo anhelarás que confirmen una segunda temporada.