Por Lucas Rodríguez
23 junio, 2020

En el set de grabación de «Dracula», de 1992, los actores compartieron la pantalla por primera vez. Luego de esa experiencia, Winona siempre tendría a Keanu en la más alta estima.

Como en todas las cosas en la vida, hay personas con buenas maneras de enfrentar su empleo, y otras, no tanto. Especialmente cuando estamos hablando de un mundo tan complejo del cine, básicamente, un campo de batalla entre los impulsos artísticos de los creativos, y el intento de cientos de técnicos por llevar a cabo un trabajo pulcro y efectivo, las prácticas y costumbres poco mesuradas de algunos, pueden chocar con las de los demás. 

Columbia Pictures

Esto ha dado espacio para muchísimos directores, guionistas y otros creativos, considerados «difíciles». Dados a las pataletas y a perder el control, estos personajes tienden a ir hasta las últimas consecuencias para conseguir que su visión artística sea realizada.

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Una situación así se dio en el set de Drácula, la película de 1992. Dirigida por Francis Ford Coppola, un hombre tan famoso por filmar algunas de las mayores obras maestras de la historia del cine (entre ellas, El Padrino I y I y Apocalipsis Ahora), como por tener prácticas un tanto extremas dentro del set, la película llevó a sus actores a lugares a los que no deberían ir. 

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Desgraciadamente para Francis, sus tácticas poco consideradas de dirección se toparon con alguien que en la práctica, es el equivalente moral a un objeto inamovible: Keanu Reeves.

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El actor favorito de todos fue uno de los personajes centrales de la película. Compartió crédito con Gary Oldman, quien ya llevaba varios años de experiencia frente a las cámaras, y una muy joven (realmente joven, no increíblemente joven para su edad como luce hoy) Winona Ryder. 

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Con poca experiencia frente a las cámaras, Winona no conseguía dar con la emociones adecuadas para una escena. El director necesitaba que las lágrimas corrieron por sus mejillas. Pero Winona no lo conseguía. Ahí fue cuando el lado perverso del genial director tomó el control.

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Francis le ordenó al otro actor con el que compartía la escena, que la insultara hasta hacerla llorar. A pesar de ser joven, y no sentirse en la posición de llevarle la contra a un veterano de varias décadas como Coppola, Keanu se paró firme. No insultaría por ningún motivo a su co-estrella. 

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La historia quedó sepultada bajo la producción de la cinta, hasta hoy. Winona Ryder la contó a The Sunday Times cómo tan atrás como 1992, Keanu Reeves ya le estaba dando lecciones sobre cómo comportarse con las mujeres al resto del mundo. 

Siempre que creemos que Keanu no puede ser más ideal, él vuelve a sorprendernos.