Por Carolina Lamatta
19 octubre, 2017

Todo tenía relación con el primate de las primeras escenas.

Han pasado millones de años desde que salió  “2001: Odisea del espacio” y aún no podemos dejar de hablar de ella. Aunque la obra maestra de Stanley Kubrick haya sido lanzada en 1968, los espectadores de la actualidad la siguen considerando una pieza artística sin comparación con uno de los finales más misteriosos del cine. 

“Odisea” ha dado qué hablar por los increíbles efectos visuales para la época, por la magnífica armonía entre música e imagen, y sobre todo por su simbolismo. El mensaje de la cinta habla de temas que van más allá de la vida terrenal como lo es la vida en el espacio, la inteligencia extraterrestre y la evolución del ser humano.  Pero lo que ha dejado a todo el mundo teniendo acaloradas discusiones sobre la película, incluso 49 años después de su lanzamiento, ha sido su final.

No creo haber sido la única que quedó con la boca literalmente abierta al ver que el Dr. Dave Bowman llegaba de repente a una elegante habitación de hotel después de haber estado flotando en el medio del Universo. Y seguro tampoco fui la primera en rascarme la cabeza cuando apareció un feto gigante sobre la cama de Bowman, feto que siguió flotando hasta quedar justo arriba de la Tierra. 

Bueno, por fortuna todo esto tiene una explicación. La película está basada en un cuento corto de Arthur C. Clarke llamado “El centinela” y el novelista escribió un libro a partir de él, al mismo tiempo en el que Kubrick rodaba la cinta. El final de la novela es diferente al de Kubrick, pero curiosamente, puede explicar el misterioso final de la película. 

Si lo recuerdas, después de que Bowman desconecta a Hal 9000, se topa con el tercer monolito negro que aparece en la cinta flotando alrededor de Júpiter, entonces se acerca y tiene un viaje psicodélico que termina en una elegante habitación de hotel estilo Luis XVI. Según la novela, la estimulante travesía es un túnel y la habitación es una nueva dimensión donde Bowman envejece hasta que se topa nuevamente con un monolito negro. 

Ahora, para entender la importancia del monolito en el significado de todo esto tenemos que volver al principio, a la escena donde los monos viven su vida de monos hasta que aparece un misterioso paralelepípedo delante de ellos. Si te fijas, luego de la interacción con el monolito los primates descubren que pueden usar los huesos de los animales como herramienta y ¡caminan en dos patas! esto simboliza el primer paso evolutivo que los llevó a convertirse en seres humanos.

El segundo monolito aparece enterrado en la luna, y ahí es cuando se confirma que ha sido puesto deliberadamente ahí por una fuerza extraterrestre. Esta loza negra comienza a emitir una señal que va dirigida a Júpiter, lo que hace al ser humano dirigirse hasta el planeta más grande de nuestro sistema solar. El tercer monolito es el que aparece flotando cerca del planeta  y el que lleva al Dr. Bowman hasta la misteriosa habitación.

Cuando Bowman está en sus últimos minutos antes de morir, la cuarta loza negra se planta en frente de él. Aquí es cuando aparece el extraño neonato que en realidad según la novela de C.Clarke, es el primer individuo de una nueva especie. Un nuevo tipo de ser sin cuerpo físico que puede viajar por el Universo cuando quiera y como quiera. Es el Niño de las Estrellas. 

Warner Bross.

¿Es un simbolismo del Nirvana? ¿es lo que nos espera en un futuro muy muy lejano? Quién sabe. Mejor se lo dejamos a los que gustan de filosofar.