Por Lucas Rodríguez
3 septiembre, 2019

La foto del director protegiendo su nariz del agua nos hace pensar que lo suyo viene más de la imaginación que de la experiencia.

Si hay un director de cine al que todos asocian con la violencia más extrema (y en muchas casos innecesaria, por muy gloriosa que parezca), ese es Quentin Tarantino. El director norteamericano ha hecho su sello como artista el uso de niveles extremos de violencia como contrapunto a sus historias muy peculiares y sus personajes casi caricaturescos. 

Por asociación, uno espera que la persona que es capaz de crear estas historias llenas de hombres valientes, aunque algo aproblemados de la cabeza, tiene que llevar una vida similar a lo que predica en sus películas. Las desquiciadas entrevistas por las que se ha hecho notorio solo nos acercan a una confirmación de esto. 

Pero una foto muy reciente que ha circulado por las redes sociales, nos hace pensar que la verdad puede ser muy distinta a la ficción. Porque si hay una señal universal de que alguien no es particularmente peligroso, esa es lanzarse al agua con los dedos tapando los orificios nasales. 

@Dani_Gove

Podríamos decir algo al respecto, pero mejor dejamos que Uma Thurman en Kill Bill exprese lo que estamos sintiendo:

Decepción, profunda decepción.

El hombre que nos ha dado una fuente inagotable de personajes desquiciados y sin miedo a nada, a lo largo de ya un par de décadas, comparte con tu sobrino pequeño el gesto por el que no puedes dejar de molestarlo. Nos cuesta creerlo.

Solo hay una solución: tendremos que pedirle a Daryl Hanna que vuelva a ponerse el uniforme de enfermera junto con el parche en el ojo. Quentin necesita que le enseñen un par de lecciones, de la manera más ultraviolenta posible.

No hay otra opción: Quentin debe pagar por el desagravio que nos ha causado.