Por Pablo Román
7 mayo, 2018

Estuve llorando todo el tiempo que escribí esto (y no es por mi pésima ortografía).

La idea de que nuestros juguetes cobran vida mientras nosotros no estamos, es una fantasía que varios tuvimos durante nuestra la infancia. En Toy Story, que estos objetos inertes nos enseñen sobre amistad y el perdón es un claro choque de conceptos, pero que, gracias a esto, logró el éxito que permitió crear una tercera parte.

La historia detrás de esta tercera entrega es nostálgica y triste. Andy, el niño que posee a Woody y Buzz, ha crecido y está a pasos de convertirse en adulto.

Por esa razón, ya casi ni juega con sus amigos de la infancia y, como debe ir a la universidad, debe empacar y desarraigarse de objetos, entre ellos, sus juguetes.

Sin embargo, esto no es fácil, ya que el valor que uno le asigna a ellos es sentimental.

Lo que veremos ahora es un spoiler, pero, de vedad, te recomiendo que vuelvas a ver la cinta desde otra perspectiva.

Uno de los segundos más tristes es cuando Andy se despide oficialmente de Woody, cerrando el circulo que unía a ambos y que marca inicio a nuevas aventuras.

Ahora, la verdad es que existe otro detalle aún más triste.

Si miran bien esta escena, notaran que existe una carta…

Pixar

Miren más de cerca:

Pixar

Se trata de un texto de Carl y Ellie de Up.

Esto une la historia de amor de esta pareja, en la que un hombre devoto a su esposa se embarca a la aventura con no pude hacer con ella, debido a la muerte de esta, con el afecto y vinculo que tiene Andy con sus juguetes. 

Díganmelo, ¿no es el detalle más hermoso que puede existir en un filme de Pixar?

PD: Suelo llorar por todo, así que entienden cómo me siento ahora.