Por Macarena Salvat
24 mayo, 2016

Preferimos desechar una relación antes que intentar arreglar las cosas.

Actualmente estamos inmersos en una generación en la que el amor rara vez funciona. En una generación que tiene en mente otras cosas y le da prioridad al trabajo, amigos, tecnología, en lugar del amor. Amamos superficialmente y desechamos todo si creemos que no funciona. Y se da así, sin excepción, porque esta generación pareciera estar desilusionada del amor y no sabemos por qué. Aunque quizá sí existen algunas razones.

1. Privilegiamos más conversar por teléfono en lugar del «cara a cara»

Actualmente estamos en una sociedad que le da más valor a los dispositivos electrónicos, las redes sociales, mensajes de texto, entre otras cosas. Todo, mucho más que una conversación cara a cara con alguien. Valorando el momento de conocerse sin tener que sentirse interrumpidos por el sonido del celular. Es como si le tuviésemos miedo a la otra persona, pues cuando estamos «cara a cara» somos tímidos, pero detrás de una pantalla podemos llegar a sacar todo a la luz.


2. Buscamos relaciones en aplicaciones de citas

Tinder, entre otras páginas web de citas. Intentamos buscar a alguien que se acomode a nuestros intereses de manera fácil y rápida, sin necesidad de hacer el mayor esfuerzo y hasta somos capaces de llevar una relación de esa manera. Podemos conocer a miles de personas al mismo tiempo, interesarnos en varias y analizar con cuál podríamos estar. Aunque, claro, muy pocas veces llega a funcionar.


3. No valoramos nuestro tiempo a solas

No somos capaces de estar solos, sin una pareja. De hecho, le tenemos pánico a la soledad y todo porque en esta sociedad es mal visto estar soltero, pues es sinónimo de que eres alguien «amargado» y difícil de amar. Es por eso que vamos de pareja en pareja, sin quedarnos a solas por un momento y valorar la única relación que es capaz de sanarnos: la nuestra.


4. Creemos que si una relación falló, todas lo harán

Cuando una relación termina comenzamos a creer que el amor no es para nosotros y dejamos de hacer el esfuerzo cuando otra pareja llega a nuestra vida. Nos quedamos con la absurda idea de que también fallará, porque es nuestro destino.


5. No sabemos qué es amar

No tenemos idea de lo que es comprometernos y querer la felicidad de alguien más que sólo nosotros. Creemos que con sólo sentirnos bien con alguien ya estamos amando, pero no nos detenemos a pensar en que amar significa algo mucho más importante y que, cuando amamos de verdad, debemos saber que habrán días buenos y malos y que siempre debemos enfocarnos en solucionar las cosas.


6. No sabemos valorar a las personas

No sabemos respetar, ni valorar. No sabemos cuidar los sentimientos de alguien más, pues sólo pensamos en nosotros mismos. Ya no vemos a las personas como personas, sino como cosas que vienen y van y de las que te puedes deshacer si no son útiles para ti.


7. Amamos demasiado rápido

Ni siquiera nos damos el tiempo de pensar si realmente estamos lo suficiente enamorados como para amar a alguien, simplemente vamos y decimos «te amo», sin realmente sentirlo muchas veces.


8. Le tenemos miedo al compromiso

Tenemos miedo de enamorarnos demasiado y salir dañados. Tenemos miedo de quedarnos solos, de involucrarnos con alguien y que no funcione. Tanto así que ya no hacemos el esfuerzo ni tampoco damos todo de nosotros mismos. Buscamos relaciones pasajeras y con muy poco compromiso.


9. No hacemos ni el más mínimo esfuerzo

Ni para conquistar a alguien, ni para hacer perdurar una relación. Preferimos ir de relación en relación para no quedarnos solos. Preferimos dejar que el otro maneje todo con el fin de no hacer nada, ni esforzarnos. Ya no creemos en conquistar a diario, pues tenemos la absurda idea de que ya tenemos completamente ganada a esa persona.


10. Preferimos desechar relaciones en lugar de arreglar las cosas

Preferimos dejar que las cosas acaben ya en lugar de seguir intentándolo y solucionar todo. Preferimos enviarlo todo a la basura en lugar de conversar con esa persona y buscar una solución o, simplemente ver si en realidad la relación funcionará.


11. El engaño es una norma y la solución a las cosas

Como no tenemos capacidad de comprometernos y valorar a las otras personas, creemos que la infidelidad es una buena vía de escape para solucionar algo o, simplemente, no quedarnos solos.


12. Pensamos demasiado las cosas en una relación

Nos lo cuestionamos todo, desde qué usaremos, hasta el qué diremos o haremos para sorprender a nuestra pareja. A veces hasta nos cuestionamos la relación y si en realidad vale la pena, y eso hace que dejemos de disfrutar cada momento junto a la persona que amamos.


13. Le damos más importancia a las redes sociales

Preferimos más conversar y escribir mensajes en redes sociales, en lugar de expresarnos directamente ante una persona.


14. Ya no creemos en el matrimonio

Tenemos la típica excusa «un papel no es nada» y dejamos de creer en el lazo que pueda unirnos con nuestra pareja. Preferimos llevar las cosas más fácilmente conviviendo con alguien, en lugar de comprometerse firmemente, porque tenemos la absurda idea de que la relación puede terminar.


15. Le hacemos más caso a nuestro teléfono

Cuando estamos frente a alguien, sea nuestra pareja o alguien más, solemos prestarle más atención a nuestro teléfono y a aquellas cosas que puede mostrarnos, muchas veces centrando toda nuestra atención en la pantalla y sin oír a lo que la otra persona puede estarnos diciendo.

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