Por Macarena Salvat
27 mayo, 2016

Cuando eres quien ama más, vives con miedo a quedarte sola.

Dicen que en toda relación, o al menos en la mayoría, siempre hay una de las dos personas que ama más o muestra más afecto que la otra. Es casi sin excepción y no siempre es malo, pues puede ocurrir que uno de los dos simplemente sea más tímido que el otro. Sin embargo, cuando te conviertes en la persona que ama más y que, así mismo, lleva sola la relación, las cosas se mantienen en un constante desequilibrio.

Cuando eres quien ama más vives preguntándote qué debes hacer para que esa persona te ame como tú lo haces. Te cuestionas si las cosas que haces están bien y qué es lo que te falta para poder provocar que esa persona sienta lo mismo por ti y te lo demuestre.

Cuando eres quien ama más vives con el miedo a que te dejen, a que te cambien por alguien más, a que se aburran de ti o a que jueguen contigo, porque sabes que algún día las cosas se te irán de las manos y te volverás insoportable al querer demandar afecto.

Cuando eres quien ama más vives preguntándote si esa persona en realidad te ama y si es necesario seguir luchando por una relación en la que la balanza sólo se dirige hacia a ti.

Cuando eres quien ama más te preguntas qué pasaría si todo fuese al revés, si tú fueses la persona que demuestra menos, pero luego aterrizas y vuelves a tu realidad, porque sabes que jamás podrías hacer sentir sola a otra persona, pues sabes que no lo merece.

Cuando eres quien ama más comienzas a postergarte, a vivir por esa persona, a estar medio viva, en realidad. Te das cuenta de que a veces es mejor dejar tus cosas de lado para poder encontrar la solución perfecta y hacer que esa persona sienta lo mismo que tú. Pero luego lo piensas, y lloras, y te reprochas el haberte dejado de lado, haber olvidado tu propio valor para poder hacer que alguien te amara. 

Y te das cuenta de que es injusto, de que tú también mereces el cariño. Que también mereces detalles, palabras románticas y atardeceres de la mano. Que no siempre debes ser tú quien diga «te amo». Que no siempre debes ser tú quien quiera pasar tiempo junto a esa persona. Que no siempre debes ser tú quien ame más y gane, porque esa es la única batalla que te gustaría perder un día.

Porque no siempre vas a soportar ser quien ama más.

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