Por Constanza Suárez
15 enero, 2018

“Lo que quiero lo consigo” pensaba él. Sí, claro.

Cuando era adolescente la técnica para conquistar a alguien era totalmente diferente a la de hoy. Para empezar no teníamos celulares, el internet era escaso, por lo que conectar con alguien, debía ser si o si en persona. Y si querías seguir conociendo a tu amor, entonces se intercambiaban los números de teléfono de las casa, donde tenían que rezar para que te contestara esa persona y no su madre o quizás quien. Y pasar una vergüenza.

Ya después aparecieron herramientas que facilitaban las cosas como Messenger o el e-mail. Pero los jóvenes de hoy, simplemente lo hacen por Whatsapp. Una forma rápida y sin mucho esfuerzo. De forma instantánea ya puede estar en contacto con tu potencial amor.

Si bien es algo fácil, tiene bastantes cosas en contra. Te puede jugar muy malas pasadas. Y eso fue lo que un chico comprobó hace unos días.

Un joven conoció a una chica en la playa. Hasta ahí todo bien, nada fuera de lo normal. Él sintió mariposas en su estómago, sintió una conexión especial con ella. Conversaron y a pesar de la “timidez” de ella, él insistió y le pidió su número para que siguieran hablando vía WhatsApp.

Él decidido  y con gran valentía le hace una gran demostración de su amor. Sin embargo, las cosas no salieron como las planificaba. De hecho, toda la situación se convirtió en el fail más grande de su vida.

Míralo tu mismo:

WhatsApp

¡Pobrecito! La niña le dió un número erróneo. Y toda la ilusión amorosa se esfumó en un solo segundo. Además que horrible vergüenza en realidad ¡era una tienda de zapatillas! 

Un minuto de silencio por este fracaso.

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