Por Teresa Donoso
5 Enero, 2017

Existe una excusa real detrás de aquel impasse con tu novi@.

Quizás no te ha pasado a ti, pero probablemente conoces a alguien que tuvo la desafortunada experiencia de decirle a su pareja el nombre de otra persona mientras estaban en la cama. Quizás fue el nombre de una amiga, una conocida o peor aún, su ex. Las cosas no terminaron muy bien y tu amigo o amiga quedó soltero un par de meses después cuando, sin querer, le volvió a pasar lo mismo. Sí, digo sin querer porque aunque no lo creas todo lo anterior tiene una explicación científica bastante interesante que demuestra que en muchas ocasiones decir el nombre de otra persona no es intencional.

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Según lo que asegura el profesor de Neurociencia y Psicología de la Universidad de Concordia, el doctor Jim Pfaus a Broadly, todo se debe a que la entrada de información sensorial a nuestro cerebro suele verse, con mucha frecuencia, influenciada por estados emocionales anteriores.

“Cuando te encuentras en un estado de euforia, evocas momentos pasados, porque se trata de un estado emocional que ya has vivido anteriormente”.

Otro estudio de la Universidad de los Países Bajos liderado por Gert Holstege confirmó, al menos para el caso de las mujeres, que durante el orgasmo femenino existe una ausencia de emociones que sumado a la intensidad de la sensación haría posible que las mujeres dijéramos otro nombre o incluso murmuráramos incoherencias.

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Pfaus defiende con todo su teoría y asegura que pasar por una situación en la que tu pareja te diga otro nombre no es necesariamente negativo. De hecho, para él significa que esta persona se siente igual de cómodo contigo que como se sentía con su ex:

“Supongamos que esa persona tiene una ex pareja muy especial por la que sentía algo muy intenso. Bien, pues esa persona asociará la intensidad, la emoción, la calidad de los orgasmos y el sentimiento de cercanía al nombre de esa ex pareja”.

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Otro estudio, realizado por la Universidad de Duke, también evidencia que dentro de nuestro cerebro solemos categorizar a las personas en categorías semánticas, lo que hace posible que lleguemos a confundir los nombres de hermanos, amigos y parejas con los de otros que tengan una relación parecida con nosotros:

“En general, la confusión del nombre de personas conocidas está motivada por la relación entre quien confunde el nombre, la persona a la que se confunde y el dueño o la dueña del nombre pronunciado”.

Y si nada te consuela, al menos es bueno saber que el estudio de la Universidad de Duke también descubrió que muchas personas, 42 casos en total, terminaban diciendo el nombre de sus mascotas a sus parejas en la intimidad. Al parecer, las categorías semánticas del amor no respetan ni tiempo ni raza.

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