Por Monserrat Fuentes
15 noviembre, 2018

“Me atormentaba que fuese homosexual porque una vez que estuviese con un hombre, sabía que no iba a haber vuelta atrás”, confesó Paola.

Llegó un punto en el matrimonio de Paola Álvarez y Pablo en el que las cosas no podían continuar y todo lo que formaron durante más de 14 años tenía derrumbarse por un bien común: la felicidad de ambos. Tanto Paola como Pablo sabían que él era gay, pero ninguno quiso reconocerlo durante la mayoría de los años que estuvieron juntos.

Se conocieron cuando tenían 13 años, eran compañeros de salón y rápidamente se convirtieron en mejores amigos porque tenían muchas cosas en común. Paola recuerda que siempre hubo rumores sobre la sexualidad de Pablo por sus conductas poco “heteronormadas”, explicó a Revista Paula, no tenía amigos hombres, no jugaba fútbol con sus compañeros, no le gustaba hablar de mujeres, entre otras cosas que los demás compañeros de curso sí hacían.

Pasados dos años ella hizo caso omiso a los rumores, se enamoró de él y se declaró, pero Pablo le dijo que él no quería tener una relación nadie en ese momento. A ella se le rompió el corazón y quedó destruida.

Pasado un tiempo conoció a otro chico y estuvo de novia con él durante un año, hasta que su ahora ex marido reconoció que también estaba enamorado de ella y desde ese entonces comenzó su historia de amor.

Imagen de referencia/Pexels

“Estaba enamoradísima. Él era súper tierno, de muchos detalles, y sexualmente saltaban fuegos artificiales. Teníamos mucha química y pasión en la cama. Fuimos novios durante tercero y cuarto medio, y después yo entré a estudiar recursos humanos y él diseño de vestuario. Obviamente todos mis amigos me decían que eso era una señal, pero lo defendí porque fui yo la que lo incentivó a tomar la decisión”, relató Paola.

Cuando terminaron el primer año de universidad supieron que estaban esperando un bebé y a los 21 decidieron casarse, pero las constantes discusiones hicieron que se distanciaran un año después. “Nos separamos unos meses, pero éramos tan amigos, tan cómplices, que nos volvimos a juntar. Ahí tuvimos a nuestro segundo hijo”.

Con un nuevo miembro en la familia, Pablo optó por renunciar a su empresa y tomar un trabajo de medio tiempo para estar más en casa y desde allí todo cambió. Al pasar tanto tiempo juntos, la relación comenzó a transformarse en “dos amigos que vivían juntos”, les gustaba hablar sobre chismes y moda y comenzaron a surgir primeras dudas en Paola sobre la sexualidad de Pablo.

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Poco a poco la mujer comenzó a notar todas las señales de su esposo, hasta que ya fue inminente el quiebre, ella sabía que Pablo no le iba a ser infiel y que a pesar de no estar enamorado de ella, nunca iba a asumir su homosexualidad para no decepcionarla.

Después de llevar un tiempo separados Paola comenzó a usar Tinder por recomendación de una amiga y le propuso a Pablo que hiciera lo mismo, “me acuerdo que cuando le propuse bajarse la aplicación, descargó Grinder, la versión gay, porque según él la otra no le funcionaba”, recordó.

Él empezó a tener citas con hombres y ella comenzó a sentir pánico porque sabía que su relación nunca más podría ser la misma, “me atormentaba que fuese homosexual porque una vez que estuviese con un hombre, sabía que no iba a haber vuelta atrás”, confesó a Paula.

Pablo iba a tomar once a la casa de Paola para estar con sus hijos y en una de esas visitas pudieron, por fin, aclarar todo y poner el fin definitivo a lo que fue su matrimonio.

“Un día me abrazó y se puso a llorar a mares. Esa tarde tuvimos una buena conversación. Traté de despejar mis dudas y le pregunté por qué me había hecho todo esto; por qué había esperado a que tuviésemos una familia. Me comentó que sí se había enamorado de mí, pero que era un amor distinto y que con el tiempo empezaron a surgir las dudas“.

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En ese momento la mujer se dio cuenta que su ex marido había vivido una pesadilla durante todos esos años en lo que no pudo reconocer su verdadero yo.

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