Por Andrea Araya Moya
20 noviembre, 2015

Existen los amores verdaderos, esos por los que vale la pena luchar.

No existen esos amores en los que los que siempre existen los finales felices. No existen esos amores en los que siempre hay felicidad y risas por doquier. No existen esos amores en los que un guión te dice cómo debes actuar para conquistar a esa persona. No existen los amores de película, porque los amores de película sólo son ficción.

Lo que sí existe, en cambio, son los amores verdaderos. Esos que te inspiran. Esos por los que vale la pena luchar y los que te entregan grandes momentos. Esos amores por los que día a día te levantas y sigues en pie, aún cuando no quieres hacerlo. Esos amores que te enseñan y te acompañan en todo momento. Esos amores con los que aprendes a amar, pues nadie nace sabiendo. Nadie tiene una relación cien por ciento perfecta, sin errores, sin tristeza, sin aprendizaje.

Todo amor es diferente, claro. Pero ningún amor es “de película”, pues todos son verdaderos. En todos existe pasión, entrega y afecto. En todos se lucha, y aún más en aquellos que merecen la pena y la alegría.

Hablar de un “amor de película” quizá tenga diferentes significados, pero créeme, un amor de película, es decir, de ficción, jamás será ese amor al que tanto aspiras, porque no te permite vivirlo al máximo, no te permite aprender ni luchar por quien más amas.

No te quedes ahí esperando que todo resulte tal como pasa en las películas. No te quedes ahí esperando que el amor triunfe y esa persona se quede. Reúne coraje, ve y busca lo que deseas, porque jamás llegará a tu puerta si te quedas cómodamente esperando. En las películas pasa así, pero en el amor real no.

Yo no quiero vivir un amor de película, quiero vivir un amor de verdad, pues creo que ese es el que vale la pena y el que más inspira y se siente.

El resto sólo inspira a quienes lo ven.

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