Por Rocío Valenzuela
21 marzo, 2016

Las posibilidades de que esto ocurra son casi imposibles.

Hace seis años, Schuler Benson, de Arkansas, Estados Unidos, ingresó por una falla en Facebook a una cuenta de una completa desconocida. Su nombre era Celeste Zendler, de Colorado. Mientras él estaba dentro de su cuenta, comenzó a actualizar estados esperando que alguien le dijera cómo salirse de ahí y solucionar el problema.

Celeste ingresó a su cuenta consciente de lo que estaba ocurriendo y comenzó a conversar con Schuler. Ambos intentaron solucionar el problema pero nada funcionaba. Luego de una semana decidieron agregarse a Facebook a ver si eso daba resultado, y así fue.

Posteriormente, nunca se eliminaron de sus listas de amigos. Durante dos años estuvieron viendo los estados que el otro ponía e intercambiando likes. Una cosa llevó a la otra y comenzaron a salir, sin haber estado juntos en persona ni una sola vez.

Benson se decidió el 2014 y le pidió matrimonio. ¿La manera más apropiada? Ingresando a la cuenta de Celeste de Facebook y pidiéndole a través de la red social.

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Celeste Benson

«ATENCIÓN: esta NO ES Celeste. Su cuenta ha sido hackeada…por segunda vez», era como comenzaba el mensaje del futuro esposo de celeste. Dentro de él, comenta que las estadísticas de que una relación bajo esos términos funcione, son casi nulas. Es más probable que te caiga un rayo o que te muerda un tiburón, según sus palabras.

«Nuestra maravillosa historia me pone en desventaja. Si fuera a pedirle a Celeste que nos casaramos, no podría llevarla al lugar donde nos conocimos por primera vez, porque no fue un lugar físico. Entonces, vuelvo aquí. Celeste, estoy ingresando a tu cuenta de Facebook por segunda vez (primera vez a propósito), para preguntarte una cosa. En un mar de personas yendo a un millón de direcciones diferentes, sin saber que estábamos buscando, nos encontramos el uno al otro. Eres realmente mi otra mitad, y quiero que seamos el uno para el otro, enamorados, siempre. ¿Quieres casarte conmigo?

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Celeste Benson 

Y ya saben como terminó la historia…

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