Por Macarena Salvat
27 noviembre, 2015

Nuestra historia habría sido la mejor, pero tú no quisiste abrir tu corazón y dejarme entrar.

Nos conocimos. Sentimos esa atracción que sólo puedes sentir con ciertas personas. Con las indicadas, si se puede decir. Comenzamos a vivir un romance que era increíble los primeros días, pues estábamos seguros de que podríamos ser invencibles frente al mundo, que podríamos derribar todos los obstáculos y salir exitosos por sobre todas las cosas. Creí que nuestra historia era la mejor y que día a día nos enamorábamos más, pero lo cierto es que la única que se enamoraba era yo.

No sé cómo, cuándo, ni por qué todo comenzó a decaer. Si miro cada momento que vivimos no puedo entender en qué momento lo arruinamos todo. No noté que esas sonrisas enamoradas sólo provenían desde mis labios. Que esas palabras y gestos románticos siempre nacían por mi propia iniciativa. No me di cuenta de que la única que había entregado su corazón era yo, porque tú nunca quisiste abrirlo y dejarme entrar a tu vida.

Era como un muro que nos dividía pero que sólo yo no podía ver, pues creía firmemente que nuestro amor era invencible y duradero. Pero lamentablemente me equivoqué. Sin vuelta atrás.

Podría haber sido el amor de tu vida si me lo hubieses permitido. Podría haberte entregado todo mi amor si te hubieses quitado la venda de los ojos. Podría haber sido tu mejor historia si no hubieses tenido ese miedo absurdo a enamorarte. Podría haber sido todo, pero decidiste dejarme a la deriva y continuar con tu camino.

Aún no sé por qué no hiciste el esfuerzo de entender que quizá lo nuestro habría funcionado, pero no guardo rencor. No fuimos el amor de la vida de cada uno, pero sí fuiste quien me hizo comprender que es imposible enamorarse y mantenerse así cuando la otra persona no quiere entregarte nada, porque en el amor es importante que haya partes iguales. Que exista ese esfuerzo por conquistarse a diario.

Deseo que seas feliz cuando decidas serlo, mientras tanto, yo retomaré mi camino guardando el recuerdo de los momentos que vivimos, pero sin dejar de lado los momentos que aún me quedan por vivir.

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