Por Emilia García
14 agosto, 2015

Siempre busqué ser la excepción. 

Toda la vida nos han dicho que las relaciones -por lo menos al inicio- se basan en estrategias. Que no le respondas los mensajes en seguida, que hazte la difícil, que no lo beses en la primera cita, que sé misteriosa, que nunca le escribas tú, y miles de reglas más que se supone hay que aplicar para que una relación prospere.

Se dice por ahí que no hay excepción alguna a esas reglas, pero yo decidí creer que sí habían, porque seguir las reglas en realidad hubiese sido mentirme a mi misma, hubiese sido traicionarme a mi misma y a quien soy, hubiese sido mentirle a la persona que se suponía era con quien debía ser más transparente; yo simplemente quería ser simplemente yo y que me quisieran de esa manera, sin máscaras, sin caretas. Porque a fin de cuentas, ¿qué tienen de especial las reglas si no se pueden romper? Para eso están después de todo, ¿o no?

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@waiting_for_adventures

No estaba dispuesta a introducirme en una relación para jugar, para eso podía hacer otras cosas. Y si, no niego que sufrí por pensar así. Muchas, pero muchas citas no resultaron debido a mi revelación ante las reglas, y llegué a creer definitivamente que no habían excepciones. Pero, como dice la gente, las cosas más increíbles suceden cuando menos las esperas.

Conocí a alguien diferente, a una persona a la que me sentía indescriptiblemente atraída, a una persona con la que pensé habría una excepción, pero no fue así.

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@sa6ulka

Él era uno más que seguía las reglas y en base a ellas, pude interpretar que yo no era la mujer para él. Sin embargo algo me decía que siguiera insistiendo, a pesar de que el escenario era todo lo contrario a favorable, y todas las reglas me decían que no lo hiciera.

Y continué. Paré de tratar de ser la excepción y me empecé a preocupar más que de esa idea, de la persona. Por primera vez dejé de buscar cambiar las reglas y vi la relación como algo diferente y sentí lo que era realmente conectarse con una persona, y las cosas cambiaron.

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@paola_aira

Me di cuenta que todo este tiempo había estado tratando no de iniciar una relación, sino de romper una regla, y resultó ser que así de simple, rompí la regla, esta vez sin siquiera tratar. Las cosas se fueron dando fáciles y al poco tiempo ya éramos novios. Finalmente estábamos enamorados, y no hizo falta seguir ninguna regla, por ninguno de los dos lados.

Porque nosotros ponemos nuestras propias reglas, por eso haz las que tú quieras seguir.

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