Por Daniela Morano
27 marzo, 2019

Margaret pagaba todas las cuentas de la casa y le consiguió la ciudadanía, todo mientras él se acostaba con otra mujer y tuvo hijos a escondidas.

El amor puede nublar la vista y la razón, dejando a una persona completamente vulnerable ante los supuestos encantos de la otra persona. Así le ocurrió a Margaret Sarr, una mujer de 71 años residente del Reino Unido. El 2002 ella viajó por primera vez de vacaciones a Gambia, África con su ex esposo, el mismo lugar donde conoció a Samba, un joven 23 años menor que ella.

A pesar de estar casada, Sarr sintió atracción hacia el joven y eventualmente dejó a su marido por él. Apostó todo lo que tenía, viajó varias veces a África a ver al hombre menor que incluso sus dos hijos, viajes que causaron discusiones entre ella y su ex esposo.

El 2004, el matrimonio de 38 años llegó a su fin luego de que Sarr le admitiera a su esposo que había tenido relaciones con este joven y además él le pidió matrimonio.

The Sun

La ceremonia le costó a Sarr $2 millones de dólares, todo pagado por ella. Aunque nadie de su familia atendió la boda, no le importó. Estaba enamorada.

En junio del 2006 Sarr le pagó a Samba su visa para que viajara el Reino Unido, y una vez allí, su relación «cambió por completo», dijo ella. «Me erradicó. Estaba orgulloso de estar conmigo allaá pero acá, por la diferencia de edad, nunca quería que nos vieran juntos. Sólo quería la visa. Me destruyó».

La pareja originalmente vivía en Machynlleth en Gales pero fueron desterrados por la comunidad, y un año después se fueron a Newtown donde arrendaban una propiedad.

The Sun

Eso obligó a Sarr a volver a trabajar como directora en casas de reposo a pesar de haberse retirado un tiempo atrás. «Trabajaba todo el día para poder vivir de algo, mientras Samba estaba echado gran parte del día».

Fue durante ese tiempo que comenzó a sospechar que él la engañaba pero cuando lo enfrentó negó todo.

Poco después decidió gastar $100 mil dólares en comprar un terreno en Gambia donde construiría una casa de dos pisos. Pero su relación seguía mal.

En un momento Sarr recibió fotos de Samba junto a dos niños, quienes habrían sido hijos de la mujer con la que la habría estado engañando. «Lo negó hasta que su cara se puso azul y dijo que eran los hijos de un amigo. En el fondo yo no le creía pero seguí viviendo con él».

El 2012, lo ayudó a conseguir la ciudadanía.

The Sun

Al poco tiempo supo finalmente que los hijos eran de él y decidió terminar la relación de una vez por todas.

«Supe que se acostaba con esa mujer en nuestra cama mientras yo trabaja. Yo llegaba a dormir en esa cama, ni cambiaba las sábanas».

Ahora la pareja se encuentra en una batalla legal por el terreno en Gambia, el cual está a nombre de él. «Cuando lo conocí pensé que era el hombre de mis sueños. Fui ingenua, sólo quería un pasaporte y una vida acá. Lo saqué de la pobreza y mira como me paga. Otras mujeres deben tener cuidado, cuando voy a Gambia a ver a mi abogado veo mujeres en todo tipo de situaciones, se fijan especialmente en mujeres blancas europeas».

Puede interesarte