Por Teresa Donoso
18 noviembre, 2015

Decidió aceptar la verdad, guardarla como un secreto y casarse de cualquier forma.

Cuando Sarah Rusca se encontró en la difícil posición de enterarse de la infidelidad de su entonces futuro esposo cientos de cosas pasaron por su cabeza. Sin embargo, ninguna de ellas fue cancelar la boda. Su prometido y novio de 4 años había decidido contarle la verdad porque sentía era la única forma en la que su consciencia podría estar en paz para proceder con el matrimonio. Sarah, en una sorprende decisión, decidió aceptar la verdad, guardarla como un secreto y casarse de cualquier forma.

Como es fácil de imaginar, la historia de Sarah no tuvo un final feliz, pero lo que ella aprendió sobre sí misma a través de esta experiencia es algo por lo que estará eternamente agradecida. Sarah recuerda que lo que primero que pensó, y lo que definió un punto crucial en lo que viviría durante los siguientes 4 años, fue qué pensarían los demás de ella si decidía cancelar la boda. Nunca se le pasó por la cabeza pensar en sí misma, en su bienestar emocional o en su felicidad. Se convenció que casarse sería la mejor opción y que, debido a que su pareja lo había confesado con honestidad, este hecho nunca más volvería a repetirse.

El día en el que Sarah caminó hacia el altar del brazo de su padre no podía dejar de pensar que lo que estaba haciendo era lo correcto, su padre parecía muy feliz y orgulloso de ella. Cuando cumplieron un año de casados su esposo volvió a engañarla. Con los meses Sarah descubrió más y más infidelidades. Le tomó 4 años juntar el valor necesario para dejar a este hombre para siempre y aunque el proceso no fue sencillo, aprendió más de sí misma en este tiempo que en todos los años que había vivido hasta ese momento.

Lo primero que comprendió fue que el juicio de los demás es irrelevante a la hora de tomar decisiones tan personales. Nunca debería haber pensando en qué pensarían los demás si decidía no casarse y en vez de eso debería haber considerado lo que su intuición le indicaba.

También comprendió que la razón por la que había permitido que su ex esposo la tratara de esa forma se debía a que no se había dedicado a trabajar en su autoestima y amor propio. Mantuvo el engaño secreto porque realmente no lograba convencerse a sí misma de merecer algo mejor y porque sentía que en términos materiales él le daba todo lo necesario para vivir un estilo de vida acomodado.

Fue todo esto lo que la llevó a realizar este cambio tan importante, a divorciarse y a darse el espacio para conocerse por primera vez. La historia de Sarah es un ejemplo para muchas mujeres, ya que nos recuerda que nunca es demasiado tarde para tomar la decisión necesaria o para aprender esa lección que hará que todo vuelva a tener sentido una vez más. La razón por la que se quedó durante tanto tiempo con una persona que no la merecía se debía simplemente al miedo que sentía de que los demás la juzgaran. Sin embargo, una vez que comprendió que lo que los demás pensaran era irrelevante, una puerta brillante y luminosa se abrió ante ella.

¿Cuáles son nuestros miedos? ¿Por qué dejamos que nos paralicen? ¿Cuáles son nuestras inseguridades? Las respuestas a todas estas preguntas pueden llevarnos por el camino indicado, incluso si parece difícil. Sarah pudo demostrarse a sí misma que no existe lo imposible y creo que es algo que todos podríamos incorporar en nuestras vidas.

¿Qué te parece su historia?

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