Por Ghalia Naim
2 Agosto, 2017

No: no estoy hablando de lechugas orgánicas ni huevos de comercio justo. Esto es sobre el kétchup.

Si te preguntara cuál es tu salsa favorita, seguro se te vendrían varias a la mente, pero no es mi caso. Las personas que somos adictas al kétchup sabemos muy bien cuál es nuestra marca favorita, pero jamás cuánto necesitamos exactamente para sobrevivir todos los días. Somos de los que vamos al supermercado y SIEMPRE volvemos con un frasco pequeño porque es necesario, aunque ya acumulamos más de tres en la nevera.

La salsa de tomate es una adicción y un estilo de vida. No hay papa frita perfecta sin ella y por eso, los que estamos enamorados con su sabor, reconoceremos muy bien las siguientes situaciones:

1. La típica salsa olvidada entre las demás

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2. Cuando necesitas consumir hasta la última gota

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3. Si eres un acumulador de kétchup, bienvenido al club

¿Cómo botarlo?

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4. Amas tanto una marca de kétchup, que terminas comprando el resto de los productos

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5. Cuando tu nevera está vacía, pero hay un frasco lleno de salsa de tomate

Nunca puede faltar, NUNCA. 

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6. Este es el nivel inexperto, todos sabemos que debe ir boca abajo

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7. El “por si acaso” que jamás falla

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8. El coleccionista de kétchup

(Esta soy yo). 

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9. Amas tanto la salsa de tomate, que comienzas a probar otras marcas

Te haces un experto en el tema. 

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10. Además, cada vez que adquieres un producto nuevo, lees las instrucciones para asegurarte que no se eche a perder

Es un pecado que se dañe…

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11. No importa si compraste un frasco nuevo, igual quieres acabar con la última gota del anterior

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12. Y claro, abrir la nevera y ver un frasco lleno siempre será la gloria

Si hay kétchup, todo está bien. 

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Y tú, ¿qué tan adicto eres?