Por Leonardo Granadillo
30 julio, 2019

Al menos 1 de cada 4 repartidores han mordisqueado tu pedido. Quizá resulte mejor irla a retirar o comerla en el local.

Nos encanta pedir comida a domicilio, es uno de esos placeres de la vida que nos ahorran cocinar y aún mejor nos ahorra la necesidad de salir de la casa a ir a comprar algo. Sin embargo como nada es perfecto, siempre hay algo que puede dañar nuestra comodidad o la perfección de nuestro pedido.

O quizá sea mejor decir alguien, de acuerdo a un estudio llevado a cabo por US Food (una compañía que analiza los hábitos de los clientes y de los conductores al momento de la entrega) 28% de los conductores de reparto a domicilio han ingerido alimento del pedido de un cliente.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo

Otro 54% a pesar de que afirman no comer confiesan que se sienten tentados por el olor de los alimentos. Los clientes también fueron encuestados, un 17% de ellos se quejaron de que la comida no llegaba caliente o fresca, un 16% se quejó por la demora en sus pedidos, aunque quizá ya sabemos parte de las razones.

60% de los repartidores se quejaron del hecho de recibir poca propina o nula, 39% de las direcciones mal proporcionadas por los clientes. Para el análisis 1.518 adultos estadounidenses fueron encuestados, incluyendo trabajadores de empresas de delivery como UberEats, Grubhub, DoorDash y Postmates.

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Es parte de los riesgos de ordenar a domicilio, ciertamente debemos esperar lo mejor pero que 1 de cada 4 lo hayan hecho no deja de ser una cifra preocupante. Es por ello que dicen que no hay experiencia como comer directo en un restaurante, quizá también pueda ocurrir algo similar pero estoy seguro que en menor medida.