Por Luis Aranguren
21 septiembre, 2020

Había perdido a dos hijos, no le encontraba sentido a la vida. En la cocina halló todo eso que le hacía falta.

Con los años aumentan progresivamente las adversidades, algunas cosas cuestan más. Lo importante siempre es tener algo que hacer, buscar un motivo para seguir luchando y mantenernos de pie ante las dificultades.

Para eso no hay edad, pues está demostrado que el ser humano puede aprender algo nuevo cuando se lo propone.

Un ejemplo de esto es María Gonçalves Figuereido, quien a sus 69 años culminó sus estudios en Gastronomía. Para ella esto fue más que una simple licenciatura, fue el motivo por el que pudo salir de una terrible depresión que comprometía su salud.

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Lamentablemente, ella perdió a dos de sus cuatro hijos. Esto la derrumbó y el duelo terminó transformándose en un problema mucho más grave.

“Me desesperé, perdí el gusto por la vida, no quería saber más, no salía de casa. Poco a poco, comencé a ver que todavía tenía que hacer algo por mis otros dos hijos y nietos que se quedaron”.

-María Gonçalves Figuereido

Desde joven siempre tuvo problemas para culminar sus estudios, para ella rendirse nunca fue una opción y entre dificultades terminó el bachillerato. Para aquel entonces pensar en ir a la universidad era algo casi imposible pero que ahora, al fin, logró.

“Terminé mi educación secundaria, me casé, tuve mis hijos y regresé a mi ciudad, Pio XII, en el interior de Maranhão. Allí comencé a trabajar como maestra pública en el estado. En 1979 me trasladaron a São Luís y seguí trabajando como docente. Después de 27 años de dedicación, me retiré”.

-María Gonçalves Figuereido

El problema fue la pérdida de sus hijos; fue la gota que derramó el vaso, sentía que no tenía mucho por lo que vivir. Por suerte un día acompañó a su hijo al campus CEST- Faculdade Santa Terezinha, donde recibió una invitación a una clase de Gastronomía, según Razoes para Acreditar.

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Al comienzo pensó que era algo difícil a su edad, pero al presentar la prueba de ingreso la aprobó y ya no había nada más que pensar.

Fue ahí donde encontró su tratamiento para la depresión, una pasión que le permitió lo que la vida tenía para ofrecerle. No solo superó su situación, también se superó a sí misma y permitió que su relación con la cocina la uniera con la familia que aún le quedaba.

Aún tenía dos hijos y a sus nietos que la necesitaban. No fueron los psicólogos o psiquiatras los que la ayudaron en esta ocasión, tan solo necesitó recetas y ollas para sanarse. Es un ejemplo de superación que debemos seguir: alguien que luchó ante la adversidad hasta el cansancio y sin importar su edad lo logró.

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Ahora María es una mujer más plena, y además cuenta con la habilidad de preparar las más deliciosas recetas existentes.