Por Catalina Maldonado
30 marzo, 2021

Esta panadera, oriunda de Stuttgart, en el sur de Alemania, llegó a Argentina de visita, conoció al amor de su vida y se quedó. Hoy es todo un ícono en su barrio, pues todos compran pan casero donde “la alemana Raquel”.

Destinada a vivir en Latinoamérica, una alemana hace historia en la ciudad de Salta, Argentina, tras quedarse a vivir en esta allí y poner su puesto de pan casero. Una deliciosa propuesta de barrio que hoy conquista a los vecinos.

Su nombre es Rahel Worlok, más conocida por los vecinos como “la alemana Raquel”. Esta panadera logró entrar con mucho cariño al corazón de sus clientes, y es que no solo vende pan casero, si no también la calidez que ofrece al atender porque los considera de la familia.

Flemming Bo Jensen

“No son mis clientes, yo le vendo pan a esta zona que yo considero como una gran familia. Yo los saludos como a mis amigos y los escucho en todo lo que me quieran decir”, dijo, y sin ser oriunda de Salta, sigue quizás con esas tradiciones del panadero “que deja la puerta abierta” como una metáfora de amistad.

Se quedó por amor

Esta panadera es oriunda de Stuttgart, en el sur de Alemania y desde hace 11 años que vive definitivamente en Salta. La historia de su llegada es bastante particular y claro, todo comienza con una bella historia de amor. 

Su primera vez en Argentina, Rahel fue a visitar a su hermano a la provincia de Río Negro, en la Patagonia Argentina. En ese viaje, sin pensarlo mucho, conoció a Diego Guevara, un hombre que hoy es el panadero de su vida. 

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“Nos conocimos allá y luego seguimos con un vínculo por internet durante unos 5 años hasta que él pudo ir a visitarme a Alemania. En el 2007 nos casamos y finalmente decidimos venir a vivir a Salta en 2010”, contó Raquel.

El matrimonio hoy se divide las tareas para producir su pan casero. Por ejemplo, Diego es quien amasa el pan y Raquel es la encargada de la atención al público, donde admite son seis horas de intensa venta pues tiene una cola incesante de clientes.

Jan Touzeau

“La estrella de nuestra panadería es el pan de semillas, aunque todos nuestros productos son muy sanos, porque no usamos aditivos. Entonces cada vez se vende más, tenemos más clientes porque es un pan que elaboramos como si fuera que lo hacemos para nuestra familia”, dijo.

Sobre el futuro, Rahel es firme y dice que, por ahora, se dedicará a su familia pues tiene un hijo con su esposo. Además son una pareja muy cristiana y leer la Biblia les toma gran parte del tiempo.

¡Una alemana con alma argenta!