Por Antonio Rosselot
14 julio, 2021

En la pequeña escuelita rural de Igarassu (Brasil) no tienen muchos recursos, pero siguiendo las enseñanzas de su profesora, los alumnos de 4º y 5º se las arreglaron para celebrar el cumpleaños del pequeño Gilvan y hacerle una fiesta humilde y muy especial.

Los últimos meses han sido muy difíciles para todos, debido al confinamiento y al miedo que nos hay generado la pandemia de coronavirus. Sin embargo, de vez en cuando es bueno adentrarse en lo que el internet tiene por ofrecernos y rememorar esas historias positivas que alguna vez nos sacaron una sonrisa.

Esta es justamente una de ellas. Nos remontaremos a noviembre de 2018, específicamente el día 14, donde una humilde escuelita del estado de Pernambuco, en Brasil, fue el escenario de un bello acto de compañerismo y empatía.

Razoes para Acreditar

La escuelita queda en la localidad de Igarassu, y está ubicada en un sector de bajos recursos, por lo que no tiene la capacidad para darse lujos y celebrar fiestas, por ejemplo. Pero para el pequeño Gilvan, de entonces 10 años, lo que hicieron sus compañeros valió más que cualquier regalo costoso.

Ese 14 de noviembre era el cumpleaños número 11 de Gilvan y, cuando los alumnos salieron al recreo, un par de ellos lo distrajeron y lo sacaron de la sala. Mientras, el resto de sus compañeros se acercaron a su puesto, montaron una toalla en la pequeña mesa y la llenaron con las colaciones que ellos mismos habían llevado: galletas, manzanas y jugo de frutas.

Razoes para Acreditar

Gilvan volvió y se encontró con su sorpresa cumpleañera, en donde además le leyeron una carta y le cantaron el cumpleaños feliz. Como dice el portal Razoes para Acreditar, “fue una conmemoración simple: no hubo pastel, velas ni globos, pero esas cosas no hicieron falta. La simplicidad fue lo que hizo a esta fiestecita mucho más especial”.

Razoes para Acreditar

Emanuela Moura, profesora de los chicos, comentó que una de sus principales filosofías es enseñarle a sus alumnos la importancia de la solidaridad y de compartir, aunque sea poco lo que tengan.

“Es un trabajo de hormiguita que hace la gente para crear consciencia de que tenemos que compartir. La escuela queda en una comunidad pobre. Muchas de las cosas que nosotros enseñamos en el aula, los alumnos no las ven en casa. Somos profesora, psicóloga, doctora, todo. Entonces estaba sorprendida y feliz”

Emanuela Moura a Razoes para Acreditar

Gilvan era descrito como un chico tímido, pero después de esta demostración de amor de sus compañeros, se fue soltando. Supo que sus amigos lo querían, y eso le bastó.