Por Antonio Rosselot
26 marzo, 2021

“En marzo del año pasado ya empezamos porque no teníamos otra cosa que hacer, se venían las cuentas, pagar la luz y el gas. Ahora ya por lo menos vamos saliendo”, comenta Roberto (Argentina), que trabaja en la venta con su esposa Blanca.

A continuación nos iremos a la Patagonia argentina, específicamente a la ciudad de Comodoro Rivadavia, para conocer la historia de Roberto, un jubilado de 80 años que ha sufrido en carne propia el desorden administrativo de sus pensiones por culpa de la pandemia.

La Cien Punto Uno

El atraso en el pago de sus mensualidades lo obligó a tener que trabajar nuevamente para poder ganar algo de dinero y pagar sus cuentas. Por lo mismo, junto a su esposa Blanca —”La patrona”, como le dice cariñosamente— comenzaron a preparar pan casero y otros bocadillos al paso para vender afuera de su casa. Ambos se reparten las labores: Blanca amasa y cocina, mientras que Roberto se encarga de la venta.

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“Por lo menos vamos saliendo gracias al pueblo de Comodoro Rivadavia, que me ha dado una mano muy grande. En marzo del año pasado ya empezamos porque no teníamos otra cosa que hacer, se venían las cuentas, pagar la luz y el gas. Ahora ya por lo menos vamos saliendo”.

—Roberto a ADNSUR

El anciano indica que gracias a la venta de su pan casero, sus “calzones rotos” y sus “tortas fritas” —dos masas fritas muy comunes en la zona— ha podido salir adelante económicamente en una situación bastante adversa, ya que sus pagos se retrasaron cerca de tres meses. “Hubo que atacar a esto nomás. Yo soy un hombre grande, de 80 años, y no me quedó otra cosa”, comentó.

El plan de Roberto y Blanca es terminar de pagar sus deudas —sea cuando sea— y, una vez normalizada esa situación, pretende descansar. Por ahora, seguirá vendiendo sus ricos productos mientras la pandemia no esté controlada.