Por Lucas Rodríguez
11 septiembre, 2020

Nadie espera que una pequeña acción benéfica termine por llamar la atención de la filántropa más famosa del mundo. El compromiso de estos chicos consiguió derribar incluso la barrera de la fama.

A pesar de que pareciera que la caridad solo es efectiva cuando es realizada por sujetos con poder y recursos, la realidad es muy distinta. Cualquier persona puede armar un proyecto pensado para ayudar a quienes más lo necesitan o tienen menos. La efectividad y llegada puede que no sea la misma que si hay un productor o una estrella de Hollywood involucrados, pero para la persona o familia que recibe esa ayuda, no importa si hubo un gran revuelo en torno al proyecto o no. Para los que no tienen nada, ya recibir un plato de comida es bastante. 

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Dicho eso, hay ocasiones en las que las acciones pequeñas de personas común y corrientes, consiguen llegar a los oídos de los poderosos. Cuando decimos poderosos, queremos dejar en claro que no estamos diciendo el alcalde, un representante local o incluso el presidente. Sino que de una de las personas más conocidas e icónicas de este siglo, nada menos que la actriz ganadora del Oscar, Angelina Jolie. 

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La historia en particular involucra a dos chicos del este de Londres, Ayaan Moosa y Mikaeel Ishaa. Ambos de seis años de edad, decidieron empezar un puesto de limonada y otras cosas dulces, con el fin de conseguir dinero para ayudar a las víctimas de las guerras y ataques militares en Yemen.

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El proyecto de los chicos comenzó a ganar difusión en redes sociales. De a poco en poco los medios locales les dedicaron páginas, luego titulares. Algunos famosos les dieron su aliento. Pero cuando un representante de la mismísima Angelina se contactó con ellos, pudieron declarar sin lugar a dudas que estaban llegando realmente lejos. 

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A pesar de que el monto no fue detallado, Angelina envió un grueso cheque a la fundación para a que los chicos estaban recaudando los recursos. Junto con ello, les envió una carta escrita en la que detalló lo importante de su trabajo y lo bello que era tomar el camino de la caridad y la ayuda.

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Con el auspicio de una estrella de esta talla de su lado, es muy probable que estos chicos crezcan hasta convertirse en verdaderos íconos de la filantropía. Si a los seis años ya consiguieron llamar la atención de su santa patrona, podemos a lo menos decir que ya tuvieron el mejor de los inicios.