Por Lucas Rodríguez
9 septiembre, 2020

Prevenir los contagios significó un enorme costo para los océanos y otros ambientes naturales. Con este invento, podremos solucionar ambos problemas.

Si has estado en el Internet durante los últimos meses, de seguro que te topaste con una que otra foto bastante triste. Se trata de instantáneas de playas u océanos, cubiertos por el accesorio plástico que ha marcado este año. Es cierto que las mascarillas han sido el implemento más efectivo en la lucha contra el coronavirus. Pero al mismo tiempo, el que las personas se hayan preocupado de solo usarlas a destajo, produjo un enorme problema medioambiental. La mayoría de las máscaras eran un polímero de plástico con otros materiales, una mezcla que es bastante difícil de degradar. 

@facemaskchile

Por esto fue que para prevenir el esparcimiento de este molesto virus, tuvimos que dejar de lado durante este año los valiosos esfuerzos que se estaban llevando a cabo para ralentizar el avance del letal cambio climático. El problema fue que no medimos las consecuencias de lo que hacíamos. Es cierto que el COVID-19 era una amenaza más apremiante, pero el daño al medioambiente es algo que nos complicará durante muchísimo más tiempo, y que será más difícil de solucionar. 

@facemaskchile

Al igual que en la lucha contra el cambio climático, depende de los cerebros más geniales del planeta para dar con las soluciones que todos buscamos. En este caso, la de producir una mascarilla alternativa que consiga prevenir contagios, así como no signifique un daño al medioambiente. 

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Como suele ser en estos casos, la solución era más sencilla de lo que parecía. De acuerdo a un reporte del World Economic Forum, hay un material emparentado al árbol del plátano, nativo de Filipinas, que carga con la solución a este problema. 

@tyratoyado

Se trata de una fibra gruesa, que no solo es de más fácil proceso y se crea de manera más barata que una mascarilla de plástico, sino que además, es completamente biodegradable.

Plan V

De acuerdo a los expertos, estas nuevas mascarillas hechas en Filipinas solo se demoran dos meses en volver a ser parte de la tierra. La verdad es que dos meses ni se compara con el par de cientos de años que le toma al plástico volver a su estado natural. Y eso si es que se encuentra en las condiciones correctas. 

@tyratoyado

Una solución como esta debería estar siendo celebrada en todo el mundo. Ayúdanos a compartir la noticia, para que todos se enteren que haciendo un mísero esfuerzo, podemos tanto detener al COVID-19, como seguir poniendo de nuestra parte en la lucha contra el calentamiento global.