Por Antonio Rosselot
5 agosto, 2019

Comerciante por naturaleza, este grupo fue uno de los primeros en dar condiciones justas de trabajo a sus empleados y asegurarles los derechos básicos. Todo esto y más, gracias al próspero negocio de las golosinas.

Todo comenzó en 1647, en una Inglaterra que estaba destruida internamente por una cruenta guerra civil y una Iglesia anglicana cada vez más desperfilada ante la sociedad. Fue en ese minuto en que George Fox, un zapatero de la localidad de Mansfield, recibió una señal divina y decisiva para su futuro: Dios estaba presente en cada una de las personas, por lo tanto, no había necesidad de que existieran los sacerdotes.

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Es así como nació la Sociedad Religiosa de Amigos, mejor conocidos como los cuáqueros. Liderados por el mismo Fox, quien comenzó a pregonar sus ideas de justicia, igualdad y reforma social ante multitudes, éstos fueron constantemente perseguidos por la Iglesia local y las autoridades, que consideraban la postura contra el sacerdocio como una amenaza a la institucionalidad.

Los cuáqueros y el comercio

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Si bien actualmente quedan pocos resquicios del trabajo de Fox en Mansfield, gran parte de los cuáqueros de aquella época escaparon a Estados Unidos, donde hicieron comunidad y sentaron raíces que perduran hasta el día de hoy. De todas maneras, los cuáqueros dejaron un legado comercial importantísimo actualmente: sus discípulos fundaron grandes empresas, como los bancos Barclays y Lloyds, y la zapatería Clarks, entre otros.

Sin embargo, el mayor aporte de los cuáqueros viene desde el mundo de los confites, el cual tuvieron prácticamente monopolizado durante más de un siglo: Cadbury (Birmingham), Fry (Bristol), Rowntree y Terrys (York) son los nombres de las empresas cuáqueras más resonantes.

El chocolate y la justicia social

BBC World Service

La relación de los cuáqueros con el chocolate no partió por el gusto, sino que por la necesidad. Las bebidas de cacao eran una alternativa al consumo de alcohol, que según los creyentes, era «causante de la miseria» en la sociedad.

«A los cuáqueros y otros disidentes de la época les preocupaban los niveles de uso indebido de alcohol en la población en general. El cacao era una forma de proporcionar una bebida barata y generalmente disponible. Además, era sano pues había que hervir el agua para prepararlo, lo que era muy importante porque no se contaba con buenas reservas de agua».

Helen Rowlands, historiadora, a la BBC

En un momento la industria escaló y se comenzó a producir barras de chocolate para la venta. Pero la novedad se dio en cuanto al precio: en una época en donde el regateo y el trueque eran pan de cada día, los chocolateros decidieron poner un precio fijo a sus productos. Era una medida de justicia, ya que varios de los productores compraron maquinaria de última tecnología para tener cierta ventaja competitiva. Esto definió a los cuáqueros como un grupo de personas confiables y honestas.

«La gente lo apreció. Sabían cuáles eran las reglas cuando trataban con los cuáqueros: entendían que ellos vivían de sus negocios, pero no a costa de los clientes o empleados».

Helen Rowlands, historiadora, a la BBC

Sin embargo, este enfoque ético no se daba solamente en los precios del chocolate. George Cadbury, el cuáquero que fundó la empresa de alimentos que lleva su nombre, decidió construir un pueblo (Bournville, Inglaterra) para que sus trabajadores pudiesen tener acceso a escuelas, instalaciones para el esparcimiento y parques públicos. Además, fue una de las compañías pioneras en tener pensión y cantinas para sus trabajadores, junto con atención médica y dental básica.

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Cuáqueros, ayer y hoy

Por sus creencias anti-eclesiásticas, los cuáqueros fueron excluidos de muchas instancias de formación universitaria y de ciertas disciplinas en particular, por lo que muchos de ellos se centraron en sus negocios y empresas familiares. Pero en la década de 1870, universidades como Oxford y Cambridge permitieron el acceso de cuáqueros en sus programas, dándoles la opción de estudiar disciplinas distintas a las del comercio. Así, fue disminuyendo el número de empresas cuáqueras.

«Empezaron a entrar en diferentes ámbitos de la vida. Ya no había una concentración de gente en los negocios. Hubo un momento en que los más brillantes se dedicaban a los negocios; ahora están repartidos, así que no destacan».

Paul Whitehouse, tesorero del grupo Quakers & Business

Quaker

Al día de hoy, ya no hay muchas empresas de cuáqueros en el mundo: Cadbury fue vendida a la gigante Kraft en 2010, por ejemplo. Pero si ustedes se están preguntando por la famosa empresa Quaker, que vende productos a base de avena, hay que mencionar que no hay ninguna relación: Quaker se apropió de la imagen del grupo, y hasta el día de hoy usan un cuáquero como imagen principal, ya que representa la probidad y la honestidad de esta agrupación.