Por Javiera Oliden
11 diciembre, 2017

¿Cómo se transformó en un clásico de fin de año?

En muchos hogares sería impensable recibir el año nuevo sin un brindis con champaña. Y es que aunque hay muchas otras ocasiones en que la bebemos, lo cierto es que abrir un botella el 31 de diciembre es tan parte de la celebración como los fuegos artificiales y los abrazos.

Pero la historia de cómo llegó a serlo es algo que muchos desconocemos.

Como dicen en Food and Wine, la champaña empezaría su viaje a la fama en el siglo V, cuando el rey Clovis se convirtió al catolicismo, en nada más y nada menos que la región de Francia de Champaña. El vino que bebió en la ceremonia aún no tenía burbujas, eso llegaría más tarde.

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Fue mucho después, en los 1600s que algunos vanguardistas, para la época, tendrían el concepto de un vino burbujeante, incluyendo al monje benedictino Dom Pierre Perignon. Puede que el nombre te suene familiar.

De a poco la champaña empezó a volverse popular entre los aristócratas del país. Pero todavía enfrentaba un gran obstáculo: las botellas solían explotar debido a la presión del líquido. El mismo Perignon fue quien pensó usar un vidrio nuevo y más resistente.

#MeccaGymAndSpa #bubbly

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Finalmente, la champaña podía ser más popular. Y fue solo hace un par de siglos, en el XIX, que a unos innovadores se les ocurrió hacerla aún más famosa.

Porque fueron los publicistas de la época que decidieron declarar que la champaña era perfecta para celebraciones en familia, poniendo énfasis en Navidad y año nuevo. Sí, como muchas de las cosas que aceptamos como parte de nuestra cultura, la tradición viene de la publicidad.

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Ahora puedes decir que este año que acaba aprendiste algo nuevo.

¿Brindas con champaña para recibir el año?