Por Teresa Donoso
2 Mayo, 2017

Mi corazón sufre.

Si bien comer mariscos es algo muy natural para muchos, lo más probable es que nunca te hayas puesto a pensar en qué estado están estos seres antes de pasar por tu paladar. En este caso en específico, hablaremos sobre las ostras y algo que posiblemente no habías considerado (o quizás sí, pero nunca está de más volver a pensarlo).

Si nunca las has probado, podemos contarte que las ostras se parecen bastante a otros moluscos que comemos con más regularidad, como las conocidas machas de las costas de América del Sur, los mejillones o las almejas. Tienen una concha fuerte y en su interior encuentras una carne suave y blanda con un sabor muy característico.

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Sin embargo, para no tener malas experiencias hay que procurar que los mariscos estén frescos y para ello es necesario comerlos vivos.

Sí. V-I-V-O-S.

Tal como indican Buzzfeed y Business Insider, la mejor forma de saber si una Ostra está en buenas condiciones es asegurándote de que al tocarla se siga moviendo.

Y aunque es triste pensar que te las estás comiendo mientras aún vive, el problema es que, a menos que tu ostra esté cocinada, si está cruda y muere en el proceso podrías llegar a intoxicarte.

Según el sitio Safe Oysters toda persona que vaya a ofrecer ostras debe fijarse en lo siguiente:

“Si la caparazón está abierta, tócala levemente con tu dedo. Si se cierra, el animal sigue vivo y es seguro comprarlo. Si no se cierra después de tocar la caparazón, entonces el animal está muerto y podría tener muchas bacterias que, si son ingeridas, podrían enfermarte”.

¿Sabías que las ostras se comen vivas? Yo pensé que siempre eran cocinadas, pero bueno, debo admitir que mi ignorancia en cuando a alimentos de origen animal es grande.