Por Antonio Rosselot
21 febrero, 2020

Miryam Díaz se basó en una popular broma para crearlo, y ahora recibe pedidos de este particular alfajor desde todas partes de Argentina; además, vende variedades rellenas de ternera, cabrito e incluso una vegana con berenjenas, champiñones y morrón.

Argentina ha tenido un impacto enorme en todos los países latinoamericanos, ya que ha hecho grandes aportes a nuestra sociedad: el rock «nacional», el Papa —muy importante para algunos—, Messi y Maradona… la lista sigue y sigue. Pero una de las mejores herencias que nos ha dado son los alfajores.

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Hay de distintos tipo, pero básicamente consiste en dos galletas puestas en estilo sándwich, con un relleno de delicioso dulce de leche argentino: es un snack dulce realmente delicioso, que se puede comer al paso y que tiene precios bastante accesibles, dependiendo de la calidad del alfajor.

Pero nunca antes hubiésemos pensado que a alguien se le ocurriría hacer alfajores salados, hasta que nos topamos con la creatividad de Miryam Díaz, oriunda de Nono (Provincia de Córdoba, Argentina), quien es la mente detrás del primer alfajor de pollo de la historia. Sí, alfajores y pollo en un mismo producto.

Miryam Díaz

Miryam cuenta que un día estaba escuchando un partido de fútbol por la radio, en el cual se refirieron —probablemente— a uno de los dos equipos que jugaban como «un alfajor de pollo, porque no existe». Y ahí fue cuando a la mujer se le prendió la ampolleta, decidiendo incursionar en este especial sabor e inventando una receta muy particular.

«El pollo lo cocino al horno, lo saborizo bien, luego rehogo cebolla de verdeo, lo pico grueso y fino para que se mantenga entre las tapas. En un primer momento lo mixeaba, pero no me gustaba la textura en boca: cambia muchísimo, radicalmente. Además, como que tendía a expulsar el relleno de las dos tapitas, por eso lo corregí con el picado».

Miryam Díaz a Canal de la Ciudad

Miryam Díaz

Una vez que el relleno ya estaba resuelto, había que pasar a lo que lo contiene: las galletas, o en este caso, la masa salada. Para lograr el resultado final, Miryam combinó harina, leche, huevos, mantequilla, sésamo y orégano; para finiquitar, espolvorea los alfajores con queso rallado para simular el coco rallado que generalmente recubre a los alfajores de maicena.

Una vez que el negocio de Miryam se estableció, la mujer siguió innovando con más sabores salados como ternera, cabrito e incluso opciones veganas con berenjenas, champiñones y pimiento morrón. Y dice que pronto llegarán los sabores de cerdo a la mostaza y el «vitel toné», a base de carne y una salsa de atún, huevo, mostaza y anchoas.

Miryam Díaz

Miryam tiene su propio local de ventas en Nono, en donde vende el alfajor de pollo a un valor de 50 pesos argentinos —0,8 dólares—: tomando en cuenta de que pesa 80 gramos, el doble de un alfajor normal, es un precio bastante accesible y, por lo mismo, ya es furor en la zona. De hecho, le están haciendo miles de pedidos de todas partes del país.

De acuerdo a Miryam, este producto pega porque tiene una buena presentación y «además, lo podés acompañar con una cerveza y un café». No sé qué tan buena idea sea eso, pero la curiosidad por probarlo ya me invadió por completo.