Por Antonio Rosselot
4 octubre, 2019

María del Carmen Pilapaña vende este helado en su pequeño puesto, ubicado a las afueras de Quito; asegura que a la gente le gusta el sabor y que lo compran todos los días.

La historia y la experiencia nos han demostrado que prácticamente todas las cosas se pueden comer —tragar es otra cosa—, pero hay veces en que la «creatividad» culinaria sobrepasa todo límite imaginable de criterio, como es el caso de María del Carmen Pilapaña, una mujer oriunda de Quito (Ecuador).

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Pilapaña tiene un pequeño puesto de helados, y su producto estrella es el helado de cuy, o mejor conocido como cobayo. Sí, helado de cobayo. Para los que piensan que los cobayos son mascotas, esta idea puede ser —literalmente— difícil de digerir.

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Los cobayos —o cuyes, como los llaman coloquialmente en varios países de Latinoamérica— son un plato tradicional en países como Colombia, Perú y Bolivia. En Ecuador, el cobayo generalmente se cocina con sal y se sirve con papas y salsa de maní, pero Pilapaña llevó sus experimentos al mundo del azúcar.

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«Mi familia y mi marido pensaban que estaba loca. Creían que a nadie le iba a gustar este helado, pero ahora es nuestro producto principal».

María del Carmen Pilapaña a AP

María del Carmen comenzó con esta iniciativa tras encontrarse sin trabajo hace unos meses, y con tres hijos a los que cuidar. Así fue como se inscribió en un curso gratis de entrenamiento para emprendedores, donde fue desafiada a hacer algo innovador.

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Después de seis meses de prueba, logró instalar su puesto de helados a comienzos de septiembre de 2019, y vaya que le ha ido bien: prepara 150 de estos helados de cobayo a la semana, cobrando un dólar por cono.

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¿Como es que Pilapaña convierte a un cobayo en un cono de helado? En primer lugar, concentra el sabor del animal en una especie de paté usando su carne; luego lo mezcla en un bol con leche o crema, le añade algún jarabe o puré de frutas —si quiere— y lo lleva al refrigerador hasta que tenga la consistencia de helado. Por que han dicho los clientes, su sabor es similar al del pollo. ¡Delicioso!

Pero la mujer de los helados tiene más sabores exóticos bajo la manga, los que también ofrece en su puestecito camino a la ciudad de Sangolquí: helado de escarabajos y de champiñones, los que pueden ir acompañados de un puré de piña o de maracuyá.

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María del Carmen Pilapaña considera que su helado de «cuy» es el comienzo de algo grande, ya que tiene más sabores poco ortodoxos en mente: en un futuro, planea hacer helados de cangrejo, pollo y cerdo.

También se les abrió el apetito, ¿no?