Por Antonio Rosselot
25 septiembre, 2019

Jade dice que un plato de vegetales o frutas es tan asqueroso como un plato con caca de perro. Mmm… creo que varios de mis conocidos sufren de esta fobia.

La historia (y el estereotipo) nos dice que a los niños nunca les ha gustado la comida saludable, dígase vegetales y frutas. El sólo hecho de tener comida chatarra como una alternativa de «alimentación» los hace cambiar el brócoli y la coliflor por las papas fritas y una aceitosa hamburguesa; pero en general, esas conductas se dan en una etapa puntual de la vida, como lo es la niñez.

PA Real Life

Jade Youngman, una chica de Norwich (Inglaterra), tiene el mismo problema que describimos arriba, pero con una sutil diferencia: Jade tiene 25 años, y su disgusto por la comida sana está diagnosticado como una fobia.

PA Real Life

La chica, que trabaja en selección de personal, ha hecho tratamientos de terapia cognitivo-conductual e hipnosis para controlar su desorden de ingesta alimentaria restrictiva (ARFID por sus siglas en inglés), pero no le ha dado resultado; dice estar preocupada de nunca poder disfrutar de una dieta baja en calorías.

«Si alguien me pusiera un plato de frutas o vegetales en frente, para mí sería el equivalente a que alguien me sirva un plato con caca de perro y me diga ‘Cómete eso’. Si lo como, voy a vomitar, y tenerlo en frente me dará arcadas. Es como una reacción física. Si lo pongo en mi boca con mi mano izquierda, mi mano derecha tirará de la izquierda para alejarla».

Jade Youngman a LADbible

Pixabay

Jade cuenta que comía felizmente de todo hasta los 3 años, cuando de repente empezó a rechazar ciertos alimentos, sin saber muy bien de dónde se originó la conducta. Unos años después, los médicos le dijeron a los padres de Jade que ella era muy exigente con sus comidas y que se le iba a pasar con el tiempo… pero eso claramente no ha ocurrido.

«La textura es clave, no tanto el sabor. Por ejemplo, me gusta el sabor del sazón para las fajitas, pero nunca podría comer pimientos o chiles por su textura. Mis papilas gustativas son bastante fuertes y siempre le pongo mucha sal a mi comida, pero me cuesta superar el tema de las texturas: no puedo meter la comida a mi boca. Incluso si pensara que el sabor me va a gustar, mi cabeza no me deja comérmela».

Jade Youngman a LADbible

Por lo mismo, Jade cuenta que sólo come comida chatarra. Su rutina diaria de alimentación comienza sin desayuno, su almuerzo se compone de un trozo de pizza únicamente con queso y, para la hora del té, come nuggets de pollo, papas fritas o pasta. Jade habla de estos «alimentos» como «alimentos seguros», ya que los conoce, y sabe que no es capaz de probar nada nuevo.

Jade comenta que ha sido muy difícil vivir con ARFID, ya que la gente simplemente no entiende su condición. Cuenta que todos le ponen la comida al frente y le dicen que la pruebe, que le va a gustar, pero ella sabe por dentro que no le hará bien.

Y otro tema importante es que esta dieta-no-dietética está afectando la salud de Jade, sobre todo en su estado de ánimo. Dice que está constantemente cansada, que le cuesta el día a día y que termina dependiendo completamente del café, lo que tampoco le hace muy bien.

«No sé todavía cuáles son los otros daños a mi salud, porque los doctores parecen no reconocer mi problema como una condición médica, así que no me han hecho ninguna prueba. Sólo dicen que, en cierto punto de mi vida, debo cambiar mi dieta».

Jade Youngman a LADbible

PA

Finalmente, otro de los sufrimientos de Jade es el social. Su dieta limitada la tiene con mucha ansiedad y un cuadro depresivo, y no sale a cenar con sus amigos o familia. «Me siento desahuciada, como si no pudiese hacer nada al respecto. Me hace muy infeliz (…) haría todo lo posible para que alguien me arregle. Sólo quiero encontrar a una persona que me pueda ayudar», dice.

Sí chicos y chicas, la comida chatarra es deliciosa, pero no cuando se hace un hábito. Y menos si ese hábito es automático y tan limitante como el de Jade.