Por Antonio Rosselot
30 octubre, 2019

Los churros de este pequeño local de la capital peruana tienen décadas de historia y una receta infalible para el éxito: hasta el día de hoy, la gente se agolpa en la puerta del local para comprar uno.

Si hay algo por lo que tenemos que agradecer a los españoles, ese «algo» son los churros. Nada mejor que una de estas masas fritas, espolvoreadas con azúcar glacé o normal y, en algunos casos, rellenos con chocolate, dulce de leche o crema pastelera, para acompañar una merienda o un postre.

Y la verdad es que los churros se masificaron hace mucho tiempo por todos los países de América Latina, donde podrás encontrar churrerías en casi todos los rincones.

Pero a tan solo media cuadra de la iglesia de San Francisco, en el centro de Lima (Perú), hay un «huarique» —puesto pequeño y no tan conocido— que destaca por la calidad de sus churros, llamado «Churros San Francisco». Y no sólo es un fenómeno actual, sino que viene dictando cátedras churreras desde hace más de cinco décadas, y con eternas filas de personas que quieren comerse una de estas delicias.

El Comercio

Para hablar de los churros limeños, es necesario hablar también de la persona que los trajo. Ramón Falco era un ciudadano español que llegó a Lima a los seis años, y tiempo después, ya adulto y casado, abrió un local en el jirón Junín junto a su esposa Rosa. En el local ofrecía distintos dulces españoles, pero sus churros rellenos con manjar blanco —el dulce de leche local— eran el producto estrella del sector.

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Así fue como el negocio de «Los Españoles», como los conocían en el barrio, fue tomando protagonismo y popularidad en la escena de la gastronomía «al paso» del sector. Pero en 2001 todo llegó a su fin, ya que Ramón falleció por causa de un derrame cerebral; Doña Rosa ya estaba en una edad muy avanzada para hacerse cargo sola del negocio, y tras nueve años de soledad, cerró la dulcería.

Parecía que todo estaba perdido, pero la gente no contaba con que Ramón, con el ánimo de dejar el futuro del negocio en buenas manos, se preocupó de compartir sus secretos de cocina con personas de confianza antes de irse de este mundo.

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Así fue como Inés Cherres, una de las discípulas de Ramón, tomó su posta y quiso continuar cocinando estos deliciosos churros para la gente. Su esfuerzo tuvo un premio: junto con su amiga Rosana Icanaqué fundaron «Churros San Francisco», donde el producto estrella —evidentemente— son los churros españoles rellenos de manjar blanco y/o crema pastelera.

El local es más bien pequeño comparado con otros de la zona, pero es un simple detalle, ya que lo que vale es lo que hay adentro: deliciosos churros frescos y crujientes, junto con una tradición que lleva más de 50 años dando cátedra en el centro de la capital peruana.

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Da lo mismo la hora en que vayas, siempre habrá mucha gente en la cola. Y eso dice bastante, ¿no?