Por Leonardo Granadillo
30 enero, 2019

Todo parece indicar que sería más un problema de cómo percibimos los sabores dentro de un avión, que la calidad del producto que ingerimos.

Que genial es viajar, es uno de los placeres más grandes de la vida. Conocer todos los rincones de tu país primero que nada si se puede, y si la cosa da para aún más, viajar hasta otro país, siempre suena buena idea conocer Europa o Asia, otro continente.

Pero entre todo placer siempre va a haber un disgusto, por ejemplo, uno de los medios de trasporte por excelencia para los viajeros son los aviones. Conectan largas distancias en un instante, hasta allí todo bien, pero cuando llega el momento del snack o de que traigan una comidita, deja de ser tan divertido.

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Si en algo suelen coincidir los viajeros es en que sus desayunos, almuerzos, o cenas no tienen buen sabor en las aeronaves, pero contrario a lo que pensamos como la calidad de los ingredientes o la frescura, puede deberse a otra cosa.

Un estudio llevado a cabo por el psicólogo Charles Spence de la Universidad de Oxford (Inglaterra) nos recomendó considerar otros facores como el ruido. Para el especialista los sonidos intensos y duraderos como los motores de un avión influyen en como percibimos los sabores.

TN

Ya se ha hablado de la humedad anteriormente, el aire en una cabina solo cuenta con 20% de humedad lo cual dificulta que percibamos todos olores y sabores.

También es cierto, influye que esta comida sea recalentada (pierde frescura) pero lo que no sabíamos era que el ruido disminuye la habilidad de nuestros sentido del gusto, nos cuesta más detectar lo dulce, ácido o salado.

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“Un ruido fuerte, por ejemplo, puede impedir por completo nuestra capacidad de oler o saborear, pero la música de la cena que se reproduce suavemente puede crear un ambiente favorable para una cena elegante”

Charles Spence en su estudio

Así que… analiza un poco más las razones, antes de armar un reclamo por la comida que te sirven en un avión.