Por Teresa Donoso
22 Junio, 2017

Si tus tomates no tienen el sabor de siempre, presta atención.

Si bien muchas personas aseguran que los tomates que vienen directamente del campo a tu mesa saben mucho mejor que los que compras en la sección de verduras del supermercado, hasta ahora nadie había entendido exactamente en qué medida el manejo de los tomates comerciales afectaba el sabor de esta verdura. Sin embargo, un nuevo estudio perteneciente a investigadores de la Universidad de Florida, y que fue publicado hace sólo un par de días, acaba de revelar la interesante conexión que existe entre el sabor de esta fruta, un gen específico y el frío.

Al parecer, hemos estado afectando la calidad de nuestros tomates cada vez que hemos decidido ponerlos en la nevera o cada vez que, dentro de la cadena de producción, han sido sometidos al frío.

Los investigadores descubrieron que al exponer los tomates a menos de 12º Celsius las enzimas responsables de su característico sabor se veían afectadas. Esa sería la razón por la que muchas veces, a pesar de comprar un tomate que se ve rojo y jugoso, nos decepcionamos con su sabor insípido. 

Première tomate cerise du jardin ! Première sur les six pieds de tomate ! On va avoir de quoi faire des apéros avec tout ça !

A post shared by • Pretty Little Kitchen • (@pretty_little_kitchen) on

Tal como indica Mashable, esto fue lo que el investigador principal, Harry Klee, opinó al respecto:

“A menudo los consumidores creen que los tomates del comercio no tienen mucho sabor. Gran parte de dicho problema tiene que ver con el proceso de manejo de los tomates que se da posterior a la cosecha. En general se usan temperaturas bajas para detener la maduración y reducir el deterioro, algo que puede terminar en una pérdida de sabor”.

Lo anterior plantea un interesante dilema que podría resolverse de forma más sencilla durante los meses de más frío dejándolos fuera de la nevera (los tomates no necesitan mayor refrigeración) pero que sería muy difícil de manejar en climas más cálidos y en los meses de mayor calor.

Sólo se me ocurre una solución y es comprar tomates todos los días y en pocas cantidades durante el verano. No sé si funcione, pero creo que lo probaré el próximo año.

¿Qué piensas tú?