Por Pablo Román
2 mayo, 2018

¡Menos grasas saturadas y menos aceites transgénicos!

La patata frita es un alimento dual. Por un lado, es un manjar de dioses que podemos acompañar con muchos condimentos. Pero por el otro, las grasas saturadas que contiene y los aceites transgénicos en lo que son preparadas, sólo nos acercan un día más a nuestra muerte.

Es esta dualidad las que las hacen deliciosamente atractivas.

Pero ¿me creerían si les digo que puedes seguir comiéndoles si les reduces ese factor dañino?

Arriba esa felicidad, que ahora podrás comerlas sin sentir culpa alguna (o reducirla un poco en realidad).

¡El truco es hacerlas en el horno!

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Bueno, así de fácil no se hacen, así que necesito que sigan algunos pasos.

1. Pelar/Cortar/Agua

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Con mucho cariño tomas un cuchillo y le quitas toda la piel a las patatas. Luego, las cortas con un grosor de 2 cm y las depositas en un recipiente con agua y cubos de hielo por unos 10 a 15 minutos.

Esto se hace para quitarle el almidón y, si quieres puedes agregarle un puñado de sal. Por otro lado, entre más frías, más crocantes serán.


2. Sacar del agua

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Se toman del recipiente y se dejan sobre papel de cocina para quitarles el exceso de agua.


3. Ya secas

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Cuando dejen de estar húmedas, las llevamos a una bandeja con papel vegetal. Se polvorea sal, una que otra hierba aromática y un chorro de aceite crudo. Yo recomiendo de oliva o de uva, pero si no tienes ninguno, el de maravilla entonces.


4. Que venga el calor

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Se introducen en el horno, luego de haberlo precalentado a 180 grados Celsius, por 20 a 25 minutos. Es necesario estar vigilándolas ya que, si las prefieres doradas, deberán estar más tiempo.


Y listo, no tuviste que remojarlas en aceite para degustar este manjar de dioses.

¡Que lo disfruten mis bebés preciosos!

PD: Si no les quedó bien, vayan a comprar unas al restaurante más cercano.