Por Antonio Rosselot
22 octubre, 2019

El hombre se mareaba, tenía dificultades para hablar y se caía constantemente; los médicos pensaban que era un bebedor encubierto, pero sus análisis médicos dijeron otra cosa…

Este es el tipo de historias que, en un comienzo, podrían parecer algo cómicas y dignas de una carcajada, o recibir empatía por los lectores, pero da la casualidad de que finalmente se torna en todo lo contrario. Hoy les contaremos el relato sobre un hombre que no podía dejar de estar borracho, y no particularmente porque bebía mucho.

El individuo, del cual no tenemos nombre pero sí su edad de 46 años, comenzó con estos problemas en 2011, cuando terminó un ciclo de antibióticos para tratar una lesión en uno de sus pulgares. Después de una semana de acabar con el tratamiento, el hombre acusó estar sufriendo cambios drásticos en su personalidad, incluyendo depresión, neblinas mentales, comportamientos agresivos y pérdida de memoria.

Al comienzo fue derivado a un psicólogo y le recetaron antidepresivos, pero cuando el hombre fue detenido por la policía bajo la acusación de «conducir borracho», fue cuando la naturaleza real de sus dolencias salió a la luz.

El hombre se rehusó a hacer la prueba de alcoholismo y fue hospitalizado. Los análisis mostraron que tenía un nivel de 200 mg de alcohol por decilitro de sangre, equivalente a haberse bebido 10 tragos alcohólicos. Si bien el hombre no tenía idea del porqué de su borrachera, ésta era la única explicación para su confusión, desorientación, mal equilibrio y dificultad para hablar. Y por lo mismo, ni los médicos ni los policías le creían.

Después de ser dado de alta, el hombre fue a una clínica en Ohio (EE.UU) para investigar un poco más, y si bien sus pruebas médicas tuvieron buenos resultados, su muestra fecal contenía un hongo llamado Saccharomyces cerevisiae, conocido como «La levadura del cervecero»: es usado para la producción de la cerveza y el vino, ya que ayuda a fermentar carbohidratos y produce alcohol.

El paciente recibió tratamiento médico en la clínica, pero su dolencia, conocida como síndrome de fermentación automática (ABS, por sus siglas en inglés), siguió manifestándose de distintas maneras: la peor de todas fue una caída que lo dejó con sangrado dentro del cráneo. Además, su nivel de alcohol subió al doble desde las últimas pruebas.

Finalmente, el hombre logró encontrar una cura gracias a especialistas de la Universidad de Richmond, quienes le suministraron una combinación de probióticos y terapias anti-hongos para tratar la microflora estomacal del hombre. A pesar de haber tenido una recaída —después de un atracón de pizza y gaseosa—, el hongo parece haber desaparecido de su organismo.

Los investigadores piensan que los antibióticos que tomó el hombre para tratar su pulgar alteraron su genoma gastrointestinal, permitiendo que crecieran colonias de hongos. Ahora por fin el hombre puede estar tranquilo: ya no lo podrán seguir tildando de borracho escondido.

Puedes revisar el caso completo en el sitio de BMJ Open Gastroenterology.