Por Antonio Rosselot
13 agosto, 2021

Sammy Maina (Kenia) tiene 25 años, es el único de su familia que superó la primaria y, gracias a su esforzado trabajo acarreando todo tipo de productos con el carrito que le regaló su padre, hoy es bachiller en Química. Además, ya consiguió su primer empleo como profesional en una importante agencia de viajes del país.

El objetivo de muchas familias de bajos recursos es que alguno/a de sus miembros pueda asistir a la universidad y formarse como profesional, cosa de poder ayudar con recursos y prestigio. En casi todas estas situaciones hay una constante: el esfuerzo tremendo de parte de los estudiantes, que en gran parte de los casos empujan sus límites para poder surgir.

Nos vamos a Kikuyu (Kenia), donde un joven de bajos recursos llamado Sammy Maina vio premiado todo su sacrificio de los últimos años al recibir su título de Bachiller de Tecnología en Química Industrial y Aplicada.

FB: Maina Sammy

Sammy tiene 25 años y es el sexto de nueve hermanos, siendo el único que logró estudiar más allá de la primaria en su familia. Dice que tuvo buenas notas en esa primera etapa, pero que nunca hubo dinero suficiente para continuar sus estudios. Por lo mismo, una fundación benéfica local hizo eco de su caso y se ofreció a pagarle la secundaria.

A su vez, en ese período de secundaria ayudaba a su padre vendiendo botellas de agua para llevar más dinero a casa, negocio que continuó en su etapa universitaria, según comentó en entrevista con Tuko. Después migró a un carrito, con el que hacía todo tipo de traslados pagados.

“Solía levantarme muy temprano y vender el agua antes de que comenzaran las clases, luego volver a casa, cambiarme e ir a clases (…) en las noches iba a casa, me cambiaba y preparaba ‘chapatis’, acarreaba cosas para la gente de los mercados o pelaba papas para los dueños de restaurantes”.

—Sammy Maina a Tuko

FB: Maina Sammy

Gracias a estos pequeños trabajos, Sammy logró ahorrar lo suficiente como para costearse tanto la universidad como también la compra de más carritos, los que daba en alquiler a otras personas. Habiendo recibido su título profesional el 31 de julio pasado, el joven contó que la venta callejera le enseñó que podía hacer de todo, y que tenía la flexibilidad necesaria para tomar cualquier trabajo.

A la fecha sigue cortando vegetales para la gente y dice que su negocio de carritos sigue en pie; además, gracias a un concurso en el que participó, pudo construirle una pequeña casita a su madre, a quien cuida y protege.

FB: Maina Sammy

“Los que son mayores que yo no tienen ningún tipo de educación, algunos ni siquiera saben escribir su nombre. Mi madre me ve como su única esperanza debido a la lucha que ha llevado para verme terminar la escuela”.

—Sammy Maina a Tuko

Afortunadamente, el esfuerzo del joven dio frutos: su caso llegó a oídos de Bonfire Adventures and Events, una de las operadoras de turismo más grandes de Kenia, que le ofreció un empleo para que comience su carrera profesional.

(foto)

¡Felicitaciones a Sammy por su gran sacrificio! Seguramente debe sentirse muy bien al ver todo lo que ha logrado hasta ahora.