Por Elena Cortés
30 septiembre, 2021

“Esto fue un abrir de ojos para mí y nunca olvidaré este momento”, dijo una clienta contenta por la buena onda en el local.

Cerca a la 1 am de un día cualquiera, la fila para entrar al fastfood Whataburger, en Estados Unidos, era mucho más larga de lo normal. La reacción típica de un cliente es de reclamar y sentirse indignado, porque hay que reconocer que a NADIE le gusta esperar. Echándole la culpa al joven de la caja, Kolbie Sanders, una de las clientes, se dio cuenta con una triste realidad y la respuesta del por qué la demora.

Cuando Kolbie y su novio se encontraron después del trabajo, lo primero que pensaron en hacer es ir a comer. Ya que Whataburger, era el local más cercano fueron y a pesar de ver que la fila era larga, decidieron esperar.

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Kolbie Sanders y su novio

Cuando se dieron cuenta que había mucha gente reclamando por la espera, pusieron atención en qué es lo que estaba pasándole al chico que atendía. Para entender por qué era la demora.

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Kolbie Sanders

“La chica delante de nosotros, hizo su pedido pero no hubo respuesta inmediata del joven que estaba atendiendo. A los segundos escuchamos cómo decía despacio: “soy sordo, ¿podrías hablar un poco más lento?”Así que la chica volvió a pedir.

Como el joven Taylor, según la publicación de Kolbie, no pudo entender bien el pedido, sonrió y les pidió que anoten en un papel su pedido. La chica sonrió de vuelta y sin ningún tipo de problema o incomodidad, anotó lo que querían comer.

Cuando le tocó a Kolbie y su novio, pasó lo mismo. Después observó a los demás clientes a ver si alguno se comportaba de manera grosera con Taylor. Pero, para su sorpresa y alegría, todos actuaron bastante bien.

A través de su Facebook, Kolbie remarcó que compartía la historia por dos motivos esenciales: porque el joven es una persona sorda pero aún así luchando con su inhabilidad de comunicación atiende con una gran sonrisa. Y para reconocer que el Fastfood no es discriminador y apoya al muchacho.

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Kolbie Sanders con el joven

Al final la lección de la historia es que aún hay muchísima gente buena en el mundo, que no acosa ni hace buylling. Aún se conserva el respeto y apoyo mutuo. “Esto fue un abrir de ojos para mi y nunca olvidaré este momento”, concluyó Kolbie.