Por Lucas Rodríguez
25 mayo, 2020

Los niños no están soportando el encierro mucho mejor que nosotros. Darles un regalo aquí y allá puede hacerlos muy felices.

Nadie podría imaginarse que el comienzo de esta segunda década del siglo XXI, iba a tener un inicio tan poco auspicioso. Todos estábamos atentos a las nuevas cosas que nos traería la tecnología, así como a los anuncios de proyectos revolucionarios, capaces de contrarrestar los mayores males de la época, como el calentamiento global. En lugar de eso, tuvimos el anuncio de que por primera vez en algo más de 100 años, el mundo entero caía preso de una enfermedad.

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Cuando la organización Mundial de la Salud declaró que el mundo estaba en estado de pandemia, la mayoría ni siquiera supimos bien a qué se referían, salvo porque no era algo nada bueno. No nos imaginábamos que esto se traduciría en la orden de quedarnos en nuestras casa, no ir a ver a nuestros amigos y familiares, y lo peor de todo, detener por completo el contacto físico con nuestros seres queridos. La nueva vida ocurriría dentro de nuestros hogares, nos guste o no. 

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Para los adultos, quienes ya tenemos bastante experiencia lidiando con los problemas del mundo, esto es más soportable. Simplemente agachamos la cabeza, juntamos energías y aceptamos que así será todo. Pero los niños, acostumbrados a hacer lo que les dé la gana, no se lo están tomando tan fácil.

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Prueba de ellos fue la reacción de un chico de nueve años de Singapur. Debido a su cercanía al epicentro del coronavirus en China, su país ya llevaba bastantes meses con medidas muy drásticas para controlar los contagios. Esto a significado que muchas de sus actividades favoritas no han podido ser llevadas a cabo. Principal entre ellas, es no ir a McDonald’s, su restaurant favorito. 

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Para premiarlo por el aguante que ha tenido frente a la cuarentena, su madre decidió prepararle un sorpresa. Bajo la excusa de que iba a comprar abarrotes, regresó con una Cajita Feliz oculta entre las bolsas. Dejándola sobre la mesa, llamó al pequeño. Su reacción fue realmente impagable.

El niño se emocionó tanto al ver su menú preferido, que se puso a llorar. Corría por la casa y abrasaba a su madre, agradeciéndole por su consideración. El chico vive con un trastorno autista, por lo que no tiene una concepción exacta de lo que pasa a su alrededor en todo momento. Pero esto no importó: cuando la cuarentena te tiene alejado de lo que más amas por tanto tiempo, solo hay una reacción posible.