Por Lucas Rodríguez
11 septiembre, 2019

Todos hemos escuchado que comer arándanos u otras cosas ricas en antioxidantes es la clave para no envejecer, pero la ciencia dice que no hay ningún estudio que confirme esto.

Como una señal de que la época en la que vivimos es la mejor que la historia jamás ha visto, en gran parte del mundo ya contamos con tal abundancia de comida y recursos, que incluso podemos darnos el lujo de qué queremos comer, algo que nuestros antepasados, atascados en su mayoría con la dieta que les tocaba consumir por la zona geográfica en la que vivían, nunca estuvieron ni cerca de experimentar.

No solo podemos ordenar nuestras dietas en torno a los platos que más nos agradaría degustar, sino que también podemos cortar un tipo de alimento y aumentar otro, con el fin de cuidar nuestra salud o apoyar ese duro entrenamiento que estamos siguiendo en busca de dar con nuestra forma ideal. 

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El mercado ha reaccionado ha esta tendencia, ofreciendo una serie enorme de opciones alimenticias de la que elegir. Cuando antes la clave del marketing en la venta de alimentos era destacar los sabores o las porciones, hoy todo está en las cualidades alimenticias que cierto alimento tiene. Uno de los más populares en este sentido son los antioxidantes, aminoácidos que estarían dentro de ciertos alimentos y que habrían sido señalados por los nutricionistas como la clave para evitar el desgaste de nuestras células, colaborando de esa manera a ralentizar el inevitable proceso de envejecimiento al que todos estamos expuestos. 

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Pero hay veces en las que tenemos que ser honestos y reconocer que no investigamos del todo lo que escuchamos (especialmente si nos parece bueno, es un fenómeno muy complicado). Los antioxidantes puede que suenen a la clave para la vida eterna, pero son uno de esos casos en los que algo resulta demasiado bueno para ser cierto. 

El efecto antioxidantes de ciertos alimentos no cuenta con ninguna base científica. De hecho, los supuestos antioxidantes son en general difíciles de digerir, por lo que terminan siendo desechados en gran medida por el organismo, como dijo a Psychology Today la doctora de Harvard, Georgia Ed.

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No podemos culparnos sobre esto. La verdad es que es culpa nuestra si vamos a creer todo lo que nos digan. Si leemos que un producto tiene un efecto revelador del que nunca habíamos oído, especialmente ni es tan destacado como el de los antioxidantes, debemos tomarlo con un poco de duda. El descubrimiento de algo así de importante sería noticia mundial en todos los medios, sin embargo, los antioxidantes comenzaron a ganar fama por publicaciones pequeñas y revistas de circulación masiva.

Si en su momento te llamó la atención la poca colaboración que tuvo la comunidad científica en su difusión, estabas dando en el clave. Hoy ya se han reconocido incluso como «el gran error en la ciencia del envejecimiento».

Harvard Health Publishing

Moraleja: si algo parece demasiado bueno, debemos investigar un poco antes de creerlo.