Por Catalina Maldonado
2 diciembre, 2020

Un caramelo duro por fuera pero que por dentro gozaba del relleno más suave y dulce, es una de las tantas características de este dulce. La otra, es que no se relaciona a ninguna temporada o festividad, solo a una persona específica: nuestras abuelas. ¿Los recuerdas?

Si entraste a leer esto es porque el viaje a la nostalgia ya no tiene vuelta atrás y mientras lees estas líneas, te estás imaginando las miles de aventuras que tienes de esos años donde solo nos preocupábamos por jugar, divertirnos bajo el sol o estar acompañados de nuestra familia. Obviamente que esos recuerdos no son solo imágenes, también podemos transportarnos por los colores, olores o sabores, y en este último me quiero detener. ¿Sabores de infancia? Millones. ¿Sabores de infancia con gusto a fresa? Creo que hay solo uno y es este clásico del bolso de la abuela. 

Crujiente por fuera —casi te rompía esos escasos dientes definitivos o de leche que recién se estaban cayendo— pero que su relleno jugoso, suave y extra dulce lo calmaba todo. Un viaje de sensaciones que creo que, para aquellos que tuvimos la suerte de probarlos, será difícil de olvidar.

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Los hemos estado llamando “caramelos de fresa” por siempre, y a pesar de que tradicionalmente se conoce de esta forma, lo cierto es que este dulce realmente tiene un nombre y es “bon bons de fresa”.

Su nombre, claro está, deriva de la palabra bombón que se conoce en todo el mundo a partir desde el siglo 17 en Francia y que se traduce como “bueno”, por lo que “bombón” es básicamente algo bueno. Pero a pesar de existen cientos de opciones, este caramelo de fresa se vuelve único, no solo por su sabor, sino por la historia personal que cada uno ha tenido con ellos. 

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A pesar de que realmente nadie podría asegurar que corresponde a una temporada o una festividad específica, por lo menos alguna vez en tu infancia viste este llamativo envoltorio que realmente lograba asemejarse a la fruta que representaba. Ahora claro, conseguirlo no era tan fácil y es que me permito decir que solo las abuelas estaban permitidas a comprarlos. 

No sé si ellas tenían un acuerdo con el tipo de la tienda de comestibles, pero siempre entre sus carteras, cajones, alguna billetera o un bolsillo encontrabas uno de estos caramelos. Miles de abuelas trataban de consentir a sus nietos con esta económica pero deliciosa opción que parecía ser una fuente inagotable de azúcar.

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Y si en ese momento no te apetecía comerte el dulce, tampoco faltaba el reto de tu madre cuando lavaban los pantalones y estaba ese colorido caramelo pegado y muy derretido en todo el bolsillo. De seguro más de alguna vez lo olvidaste en la profundidad de un pantalón.

Otro clásico también era estar disfrutando de uno de estos dulces, y en el caso de las niñas, terminar con todo el pelo pegoteado en el caramelo pues, a pesar de que en una primera instancia parece ser bastante sólido, luego de unas cuantas mordidas, la cosa se ponía bastante empalagosa. 

Brian Francis

Cualquiera sea tu recuerdo con este caramelo de fresa, no hay dudas que siempre estará relacionado con momentos felices o con personas que tanto quisiste. Quizás no solo se trataba de una abuela, tal vez una tía abuela o una tía lejana, era esa persona que proporcionaba la dosis digna de dulce de fresa. 

Y a pesar de que a las nuevas generaciones se les conquista con otros caramelos —unos más modernos y tal vez de chocolate— los de la vieja escuela sabemos que estos son los mejores…

¿Cuál es tu recuerdo con los bon bons de fresa? ¡Te leemos!