Por Lucas Rodríguez
23 enero, 2020

Todos sabemos que el secreto de esa hamburguesa es esa misteriosa salsa. Ahora la podremos esparcir sobre lo que nos entre en gana.

Si somos honestos con nosotros mismos, debemos admitir que no hay menú o plato de comida más apetitoso que una hamburguesa. No es solo el hecho de que es facilísimo de preparar, sino que también es una de las cosas más sabrosas que podemos situar sobre nuestros platos. Es cierto que es básicamente un sandwich con mejores ingredientes, pero al igual que con los Beatles, el secreto están en que el resultado es mucho más que la suma de sus partes.

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Podríamos comer la hamburguesa, la carne, digo, al plato y no pasaríamos un mal rato. Pero es cuando la mezclamos con la lechuga, cebollas, pickles y queso, que la verdadera magia entra en juego. Ahora, si esa hamburguesa pertenece al McDonalds, y estamos hablando de un Big Mac, ya nos referimos a otra cosa muy distinta. No estamos tratando solo con una hamburguesa de ingredientes tradicionales: nuestras papilas gustativas saben que hay un extra, algo suave y delicioso entre medio, pero que no logran reconocer del todo. 

McDonalds

Esa es la salsa secreta del Big Mac, una mezcla de quién sabe qué ingredientes capaz de hacer toda la diferencia a la hora de dar con una hamburguesa que no tiene nada que ver con las demás. Si alguna vez soñaste con tomar un poco de esa salsa y analizarla bajo un microscopio (está bien, no estamos juzgando), este es el momento por el que estabas esperando. 

McDonalds UK acaba de anunciar que venderá por separado, y en potes que te dejarán bien en claro que no se trata de un sueño, esa salsa que le da al Big Mac la identidad que todos tanto adoramos. Serán pequeños potes de salsa, cuyo stock existirá hasta que el último haya sido vendido.

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Si que los británicos tengan acceso a esto te parece una injusticia, pues tenemos peores noticias que contarte: en los McDonalds de Canadá, Nueva Zelandia y Australia, la salsa especial está disponible hace ya tiempo. Se puede comprar en botellas, como quien comprara una de ketchup. Es una crueldad que debería ser reportada cuanto antes o los tribunales de guerra de las Naciones Unidas. 

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Pero bueno, si la deseamos lo suficiente, quizás hacemos que aparezca por nuestra larga y querida Latinoamérica. No lo estoy diciendo en un sentido místico: es hora de que todos corramos a nuestro McDonald más cercano y empecemos a exigir que nos vendan botella de esta maravillosa salsa.