Por Valeria Urra
3 junio, 2022

La dueña, Lizzi Pallister, gasta más de 40 dólares en agua embotellada para su mimado bulldog francés de cinco meses. “Tiene que ser el centro de atención, es 100% una diva”, comenta.

Cuando se trata del cuidado de las mascotas, las personas casi siempre intentan darles la mejor vida posible, pero para lograr eso se incurre en un alto gasto dinero y eso lo sabe bastante bien Lizzi Pallister, una mujer de 29 años que reside junto a su familia en Devon, Reino Unido.

Lizzi gasta casi 43 dólares mes a mes debido a que Henry, su bulldog francés de cinco meses rechazó por completo el agua de la llave. “Nunca antes había conocido a un perro como Henry. Tiene que ser el centro de atención, es 100% una diva”, y agregó que “Todas las mañanas, cuando dejo el agua del grifo en el piso, él la empuja, luego se sienta y me mira como ‘Buen intento, ¿dónde está mi agua embotellada?’.

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La mujer cree que su perro comenzó con esta mimada actitud luego de ver regularmente a su hija de 2 años beber agua embotellada, además de tomar otras peculiares conductas, como negarse a subir las escaleras o no querer dormir en su cama, sino en la de ella.

“Voy por dos paquetes de 12 botellas de agua cada semana, cuesta alrededor de 10 euros (casi 11 dólares) por semana. Tengo que hacer las compras para la familia y comprarle botellas de agua”. Indicando además que ha intentado engañarlo al poner agua de la llave en botellas, pero que Henry sabe lo que está haciendo. “Quiere que abra la botella frente a él, como si estuviera diciendo ‘No soy tonto’.

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Pallister mencionó que “Él esperará hasta que ponga el agua embotellada y luego la beberá. Así que no solo tiene su propia comida, también tiene que tener su propia agua”, y que su mascota es de alto mantenimiento, como si le estuviera diciendo que ya que ella lo eligió, ahora debe cuidarlo como se debe.

No obstante, Lizzi reconoce que es probable que la culpable de este comportamiento sea ella misma, ya que consiente mucho a su hija y Henry solo copió lo que veía. “Él piensa que es una versión en miniatura de ella, es así de exigente.”

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“Bueno, lo justo es lo justo, supongo”, finaliza.