Por Camilo Morales
4 mayo, 2021

A pesar de las restricciones por la pandemia de coronavirus, Eric Silva sigue vendiendo más de 100 churros al día.

El churro se ha convertido en un alimento icónico que surgió desde España, pero que se ha propagado por diversos países de habla hispana, como Chile, Argentina, Perú, entre muchos otros. Es por eso que los vendedores de este producto se han convertido en la imagen clásica de muchas calles de España y Latinoamérica.

Sin embargo, con la pandemia de COVID-19 azotando al mundo ha sido complicado para los vendedores callejeros poder seguir con sus trabajos. Y dentro de esos trabajos que han peligrado son los vendedores de churros, ya que debido a los protocolos de distanciamientos social y cuarentenas se ha prohibido en algunos países transitar libremente por las ciudades.

Pixabay

Eso le ocurrió a Eric Silva, un joven de 24 años del municipio de Castuera, España, que lleva más de 11 años ligado a este trabajo por su tradición familiar. Cuando era solo un niño acompañaba a su padre, quien es vendedor de frutos secos, en donde aprendió cómo es trabajar con alimentos en la calle.

Según informó el medio local Campanario, Eric se lanzó a trabajar haciendo churros hace 4 años, sin saber exactamente cómo se hacían ni cuáles eran las recetas. Pidió un préstamo en el banco y comenzó con su negocio propio llamado “Los Churros Hermanos”.

Soledad Gómez/Campanario

Esta idea surgió luego de que cumpliera 20 años y se diera cuenta de que donde él vivía habían pocas ofertas laborales. Así, Eric consiguió tener autorización para trabajar cinco días fijos lo que provocó un alza en sus clientes de forma consistente.

Eso fue hasta que la pandemia de coronavirus azotó al mundo, lo que hizo que su clientela bajara y que sus días de trabajo se acotaran. “Cubro gastos, pero todo más ajustado“, contó el joven al medio Campanario.

Soledad Gómez/Campanario

A pesar de que Eric aceptó que pasó de vender 250 churros a 150, sabe que su negocio se ha convertido en un éxito y que una vez que los protocolos se flexibilicen su clientela volverá a comprarle churros. Además, para él lo más importante es que le gusta el ritmo de trabajo y no tener nadie quien lo mande.

El hecho de ser mi propio jefe y no tener que aguantar a compañeros de trabajo con los que puede que no te lleves bien, y que no requiere mucho esfuerzo físico“, cerró Eric.